La memoria encendida (II): «¿Por dónde empezamos?»
“¿Por dónde empezamos entonces?”.
La narración de la adolescencia de aquella desconocida estaba llena de sacrificios cuya única motivación era acercarse a una de las estrellas más
huidizas de la historia de la música. Comprar un vhs de alguien que se había tropezado con Jacko en Disneyland, y que lo había grabado paseando mientras comía algodón dulce. Los breves minutos de aquella grabación eran el soñado agujero en la pared por el que todo fan espera ver a su ídolo, con la vana esperanza de saber algo más por medio de aquellas fragmentarias visiones.
La fan, que dijo llamarse Patricia, me contó cuántos amigos con los que aún mantenía un contacto frecuente e íntimo había conocido en las largas esperas antes de los conciertos de Michael Jackson; por medio del club de fans, o sencillamente porque compartían un gusto, un fervor, en lo más tierno de la adolescencia, cuando un disco podía salvar las distancias con un desconocido y convertirlo en amigo como por arte de magia.
Me habló de aquellas amistades, de cuántas siguen formando parte de su vida y de cuáles han ido perdiéndose con el paso del tiempo. Pero lo que más me gustó de su historia fue el relato de un viaje a Tenerife para asistir a un concierto del autoproclamado Rey del Pop.