El tema del que voy a hablar comienza a ser recurrente entre quienes no nos conformamos solo con escuchar la música, sino que queremos hablar de ella, discutir por ella, levantar los vasos
por ella en los bares y no comprendemos nuestra propia vida sin una banda sonora.
Silvano Clay me hizo llegar un artículo de Diego Manrique que trataba el tema de la falta de éxito comercial del rock hoy día. El pop más comercialote y falto de imaginación o talento domina las listas de ventas. Esto, a lo que los españoles estamos más que acostumbrados, sucede tanto en Gran Bretaña como en EE.UU. Donde se supone que no siempre ha sido así.
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Richey James ha muerto. Han pasado casi 15 años desde su desaparición, en febrero de 1995. Desde entonces, su sombra se fue alargando, poco a poco, rumor a rumor, hasta su segunda muerte, la legal y quién sabe si la definitiva.
Cuesta imaginar el significado de esta anunciada muerte para Nicky Wire, James Dean Bradfield y Sean Moore: Manic Street Preachers. Me pregunto cuánto tiempo albergaron la esperanza de que su amigo y compañero de banda reapareciera, que se confirmara alguno de los rumores que lo situaban en la India, en África (¿buscando el espíritu del atormentado Kevin Carter, al que atacó sin piedad, y con el que compartió destino?). Curiosamente, Richey estaba en cualquier lugar del mundo donde los fans con inclinaciones new age imaginaban la paz, menos en Gales, en casa. Leer más…