Treinta años de carrera en 75 minutos
Silvano Clay y yo llegamos a La Riviera un par de horas antes de que se abrieran las puertas. Nuestra idea era, como la de muchos otros que comenzaban a llenar los bares de los alrededores, tomarnos algo y calentar antes del show de Social D.
Mientras esperábamos a Raúl, improbable admirador de Foreigner y Papa indiscutible de la Iglesia de los Machos Omega, buscamos algún lugar donde comprar bebida fría y otro donde sentarnos y consumirla charlando. En un chino compramos unas latas de medio litro de Mahou que usamos como clepsidras, en las que el agua hubiera sido sustituida por cerveza. Por el grueso cuello de aquellos relojes pasaba el tiempo que Raúl Omega, Silvano Clay y yo ocupamos hablando de música, conciertos, fiestas y algún viaje a Londres a ver a un grupo que no mencionaré para salvaguardar el honor del Sr. Omega.
Sentados en un banco, con aquellos curiosos relojes Mahou con los que medíamos el tiempo, decidimos no acudir a ver a Durango Riot, los primeros de los dos teloneros. Raúl Omega había escuchado algo, y nos los describió como rock psicodélico un poco setentero. Silvano y yo decidimos que aquel testimonio sería suficiente, pese a que nunca se ha de confiar en el criterio de un fan de Foreigner. Apetecía más continuar charlando bajo el sol que meterse en la caverna a escuchar a aquellos desconocidos a los que les deseamos, en nuestro perezoso fuero interno, la mejor suerte del mundo.