Ayer, leyendo Muro de sonido, uno de los blogs musicales de El País, me encontré con un artículo en el que, a propósito de la lista que cada año publica la BBC con promesas de la música
popular (en el sentido más mainstream de la expresión) Xavi Sancho hablaba de la aparente pérdida de interés en lo actual, en lo moderno.
Es esta una discusión que año tras año pone frente a frente a quienes desprecian la música actual por faltarle algo que sí tenían los clásicos. No deja de resultar curioso que por lo general, quienes discuten sobre este tema, no lo hagan tanto sobre cuáles son esos clásicos y por qué han ganado ese estatus con el tiempo.
La discusión sobre la falta de sustancia de la música, o de autenticidad, o de filo, es ya tan vieja, como viejos son quienes insisten en resucitarla. Y la resurrección de este tema se produce periódicamente, cada vez que una generación de melómanos pierde la curiosidad por lo que se hace en la actualidad y piensa que la culpa no es de que se hayan hecho mayores, sino del mundo de la música por no llamarles la atención.
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KISS!!!!
Hace unos días se manifestaban en Madrid un grupete de músicos de lo más variopintos en la plaza de Cuzco, frente al Ministerio de Industria, exigiendo que se acaben las descargas ilegales de música. Dentro de los manifestantes había gente tan dispar (llamémoslos así, más adelante intentaré matizar mis palabras) como Rosario, Antonio Carmona, Luis Eduardo Aute, Loquillo, David de María, Tamara o Chenoa. Al mismo tiempo, en otro punto de nuestra geografía, en Vitoria, la página oficial del Azkena, el festival de rock más importante de nuestro país, por no decir el único, anunciaba su primer artista confirmado: KISS.
Supongo que leí las dos noticias al mismo tiempo y mientras la primera me provocó una profunda indiferencia, la segunda me levantó de mi sitio y me hizo correr hasta el sitio de Ismael Kavalier para confirmarle la noticia y recordarle nuestra cita obligada con el Azkena. En mi mente todavía estaba fresco el recuerdo de la pasada edición y de nuestra estupenda aventura, por decirlo de alguna forma, puesto que nuestra participación (Raúl Omega incluído) se limitó a emborrarcharnos como cosacos, vibrar con The Zombies, escuchar a Soul Asylum de fondo mientras seleccionabamos camisetas con logotipos de bandas míticas y finalmente deleitarnos y extasiarnos con el concierto de los Black Crowes. Aunque el Askena de 2009 fue mucho más, también fue una tienda de campaña demasiado pequeña para tíos tan grandes, botellas de whisky barato que aparecían de la nada, una chica solitaria que lloraba en el concierto de los BC, un dinero de mentira (con la cara de nuestros artistas favoritos) que se intercambiaba por dinero de verdad y un poco de exaltasión de la amistad, porque en medio de esa plantación de nabos (las pocas mujeres que había, estaban claramente custodiadas por novios muy convicentes que las habían arrastrado hasta Vitoria) eso era lo mejor que ibamos a conseguir.
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