Original Elvis Tribute. Madrid, 14 de mayo de 2010
Cuando me dirigía a la sala Heineken para realizar la entrevista a Duke Bardwell, Michael Jarrett y Robert Washington, a quienes vería actuar unas horas más tarde, no podía dejar de pensar en una canción de la obra maestra de Gene Clark No Other (1974). La canción es «Strength of Strings», un hipnótico y ciego viaje por la confusión de un tipo para el que sentirse bien o mal son solo extremos indiscernibles.
Bardwell me contaría que Clark vivía el momento más difícil de su vida. Tras su marcha de los Byrds, su carrera en solitario no despegaba y a su mujer no le hacía gracia que la pasta no entrara en casa al ritmo al que lo había hecho en sus dos años como rockstar superventas.
Bebía demasiado durante la gira, lo hacía incluso sobre el escenario, acompañando los tragos con todo tipo de sustancias con las que trataba de superar un miedo escénico nuevo y paralizante. Debió de ser un espectáculo tan triste como común en un negocio que durante los años 70 vivía sus mayores excesos.
Se podía decir que durante dos décadas, el negocio musical vivió una especie de feliz prosperidad de entreguerras. La primera guerra había tenido lugar con el nacimiento del rock, y sus batallas se habían librado en pequeños pueblos, en salones familiares y en la crucifixión de discjockeys. La siguiente ocurriría con la llegada del punk.

