Secreto, profano y cañas de azúcar
Dice una leyenda que un tal Declan Patrick MacManus, casado y con hijos, a mediados de los años setenta iba por las tardes, al salir del trabajo, de discográfica en discográfica enseñando sus maquetas mientras envidiaba a los punkis que parecían no tener nada que hacer durante todo el día y que les bastaba con aporrear de mala manera un una guitarras, un bajo y una batería, aparte de gritar cualquier chorrada en un micrófono, para conseguir un relativo éxito en bares y salas de concierto.
35 años después, estoy caminando por los pasillos de un gran almacén francés de música, películas y libros; de repente me encuentro con el último disco de ese desconocido inglés, Secret, Profane & Sugarcane; solamente que ahora se llama Elvis Costello y es un artista reconocido en todo occidente. El punk prácticamente ha desaparecido y muchos de los punkis que Declan Patrick envidiaba están muertos.