Como por casualidad, la pasada primavera nos trajo un nuevo disco de Bob Dylan. No mencionaría esta coincidencia, de no ser porque Together through life gira a 33 rpm, o a las revoluciones del CD que estoy escuchando ahora mismo, en torno al romance, la sonriente nostalgia, el dolor, el reencuentro,el abandono, la cama, los bares y todo cuanto tiene que ver con las relaciones con las mujeres.

Bob Dylan - Together through life (2009)
La primavera siempre se celebra en las formas y la piel que han permanecido ocultas durante gran parte del otoño y todo el invierno. De repente, como respondiendo a una llamada natural, los civilizados amaneceres del invierno en que nos movemos bajo los amarillentos globos de luz de las farolas, van dando paso a penumbras primero grises, luego a azules. Y el anonimato del vagón del metro se llena de bellezas que van saliendo poco a poco de una hibernación severa, recatada, católica.
Los hombros, pantorrillas y, con un poco de suerte, las rodillas de una compañera de trabajo; el vuelo de una falda recién rescatada del fondo de un oscuro armario; el cabello que, recogido, revela la piel de un cuello que había permanecido oculto todo el invierno al abrigo de una larga melena. La primavera es una estación de desvelamiento. No sólo en el sentido de revelación, sino también en el de pérdida de sueño, de desvelarse durante el día y de tardear en las calles que vamos reconquistando, y que serán definitivamente nuestras en el verano.
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