Me encontraba mirando por la ventana las torres de plaza de Castilla de Madrid, apenas visibles
tras las nubes que cubren toda la ciudad, cuando me he acordado de un disco y una sensación. El disco era el Before the frost… Until the freeze, que en mi opinión es la obra maestra de los hermanos Robinson. La sensación, bueno, eso es cosa mía, pero tenía que ver con días soleados.
Así, que me he puesto a buscar algo que ver y escuchar en Internet, y he encontrado un un vídeo de una actuación de los hermanos Robinson en el legendario Roxy, en West Hollywood, California.
Al presentar el tema, Magic Rooster Blues, Chris Robinson dice: «Es una canción nueva. Solo tiene unas 3.000 millas a sus espaldas. Y aun así es nueva. Podéis comprobarlo echándole un vistazo a los neumáticos vosotros mismos».
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Resulta muy difícil hablar del último disco de Black Crowes. Sobre todo, porque dos semanas después de haberlo recibido, lo sigo escuchando con el
mismo estupor que el primer día. No logro habituarme a su grandeza, y cada vez que me siento a escucharlo de principio a fin, tengo una impresión parecida a la que deben de sentir quienes abren uno de esos cofres del tiempo, en los que una generación ya perdida guardó un objeto que había de dar testimonio de una época.
Cuentan que Juan Carlos Onetti, tras leer el cuento de Cortázar «El perseguidor» se encerró en el baño, donde rompió el espejo de un puñetazo: él tenía que haber escrito ese cuento. Bien, pues se podría decir que los hermanos Robinson, tras escuchar las obras maestras de The Band, Grateful Dead o Allman Brothers, se encerraron para destilar la esencia de todas ellas y crear una obra propia, tan grande que pudiera salvar todos los espejos de sus mansiones de rock stars.
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