
"Hablar es cantar"
Hoy murió José Saramago y aunque este blog no es sobre literatura, sus autores no se apellidan Kavalier y Clay por azar, sino porque los dos somos grandes amantes de la literatura y gran parte de los principios que rigen nuestro gusto musical viene heredados de las letras. Es por eso que la muerte de un maestro, uno muy grande, nos ha conmovido a los dos y cada uno por su lado escribió su particular obituario que publicó en su blog personal.
A modo de homenaje también queremos compartir esos dos posts aquí, para nosotros hoy la música desafinó y las guitarras lloraron, José Saramago había muerto.
“La música y la palabra se parecen porque hablar es hacer música”
José Saramago (1922-2010)
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Los vivos y los muertos. Edmundo Paz Soldán. Alfaguara, 2009.
Minuto 1: «La luz del semáforo está en rojo».
Para hablar de la última novela de Edmundo Paz Soldán, Los vivos y los muertos, tengo que recurrir al tiempo. Tengo que ir marcando los hitos de esta reseña a medida que voy avanzando página a página, testigo a salvo de la tragedia de los gemelos Tim y Jem, de Hannah y Yandira, y sobre todo de Amanda. Porque la tragedia sólo lo es para quienes sobreviven.
Paz Soldán utiliza como punto de partida las muertes de unos jóvenes en una pequeña población de los Estados Unidos. La premisa, un hecho real que el autor conoció por medio de un dossier periodístico, abre una brecha en la apacible vida de una población en la que todo el mundo cree conocer a todo el mundo. Como demuestra cada uno de los capítulos de esta novela, centrado en torno a un personaje de esta obra coral, intrigante y trágica, esa percepción dista mucho de ser real.
Ha llegado otro invierno a Madison. Lo sabemos por Tim, que nos lo dice mientras, distraído, toma la última decisión de su vida:
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Aunque no se puede esperar mucho de un día que comienza por tener que levantarse de la cama, no es menos cierto que la perspectiva de unas cervezas al final del día alimentaba mi esperanza de sentirme mejor que al abrir los ojos. En cualquier caso me desperté con el convencimiento que debía hacer algo especial para celebrar el Bloomsday (y tener algo importante que contar en el post que debía escribir al otro día) aunque descarté esa idea en el acto por dos motivos: la primera es que celebrar el Bloomsday implica hacer un día de absoluta rutina; y la segunda es que a las 7:30 a.m. dudo mucho que fuera a encontrar una carnicería abierta en Malasaña que me vendieran riñones de cordero (tampoco tenía planeado ningún funeral).
Me dirigí entonces al metro, como hago todos los días, para emprender el camino a la editorial donde trabajo (línea roja hasta Canal y línea naranja hasta Barrio de la Concepción). Durante el trayecto pude avanzar en el libro de turno, otro Caballo de Troya, El niño pez de Lucía Puenzo, una novela sobre la que espero escribir un post en los próximos días, aunque es realmente convencional, para haberla editado Bértolo, y es realmente buena, para estarla leyendo yo.
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Es una suerte que existan los franceses para poder entender las creaciones artísticas de la posmodernidad, pues Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder del editor/novelista/bloguero Alberto Olmos, es un galimatías de textos y recortes sacados de Internet difícil de abordar, aunque más por la idea que por el texto en sí.
Decía Genette, aunque lo cito libremente de memoria, que una obra literaria era literaria porque, entre otras cosas, venía empaquetado en un producto (libro) que reafirma su categoría. En el caso del libro que nos atañe esto es especialmente cierto pues si no fuera porque está publicado por la editorial Caballo de Troya, editorial especialmente literaria y particularmente (pos)moderna, no hubiera estado seguro de que lo comprado fuese literatura (seguramente ni siquiera me hubiera planteado comprarlo). Creo que Alberto Olmos también pensó en Genette, o en alguien que lo leyó, cuando escribió la nota del editor que acompaña el final del libro (y la camisa del mismo): “Lo literario, muchas veces, está en el papel donde se imprime”.
Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya y personaje de la novela en virtud de la Nota del editor, en su siempre ingenioso Aviso de Lectura, que acompaña las cuartas de cubiertas de los libros de su editorial, nos invita a que leamos Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder como “una novela, es decir, un conflicto desarrollado a través de unos personajes, en un tiempo y un espacio, coral si se quiere, pero con un único argumento que se despliega en busca del destino perdido: cómo existir en medio del desierto”. Yo acepté esa invitación/reto de leer esa novela y no contento con ello me propuse que fuera mi primer post sobre literatura de mi recién inaugurado blog (para mi pensar en rock, que es una de las etiquetas principales de este blog, es similar a pensar en nueva literatura).
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