
John García con Ismael Kavalier
Ismael Kavalier: ¿De quién fue la idea de girar tocando solo canciones de Kyuss?
John García: La idea fue mía, y la intención de todo este asunto Garcia plays Kyuss era promocionar mi disco en solitario, Garcia Vs Garcia. Aparece, no lo he dicho antes, pero aparecerá el año que viene. Espero que a finales del verano, comienzos del otoño del próximo año.
No sé si estás familiarizado con el split ep Kyuss/Queens of the Stone Age, pues esto es algo parecido, aunque en directo. Para quienes no tuvieron la oportunidad de ver a Kyuss en su época, esto es lo más parecido. Porque no veo a Josh llamándome en el futuro próximo y diciéndome “ey, ¿quieres hacer unos conciertos de Kyuss?”.
Quiero a Josh a muerte, es un querido amigo, genial, pero bueno, esto es solo algo para que me ayude a promocionar mi disco en solitario.
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I'am the greatest
Mi ocupada agenda no siempre me deja tiempo para escribir todo lo que me gustaría en este blog pero hay días especiales, días en que tienes que dejar todo lo que estás haciendo y ponerte a escribir sobre rock porque es de las pocas emociones sinceras que me quedan en la vida, una de las pocas cosas que todavían consiguen realmente emocionarme. Acabo de leer hace unos minutos la noticia musical del día para mi, posiblemente del mes y, que demonios, seguramente la mejor noticia rockera del año: BOB DYLAN es el cabeza de cartel del sábado 26 de junio en el Azkena Rock Festival. Festival del que ya tengo la entrada y que es la cita obligada del verano.
Es difícil de explicar esta especie de emoción adolescente que siento por saber que voy a escuchar al más grande. Quizás porque soy un mitómano, quizás porque me dejo impresionar fácilmente por la historia, quizás porque realmente quiero que sea un gran festival, aunque no hayamos conseguido hotel y estemos condenados a un camping, pero lo cierto es que di botes de emoción sabiendo que quizas iba a poder gritar a todo pulmón un Like a Rolling Stone cantada por el maestro. Es un sensación difícil de explicar, que solo entienden los más fans de Dylan y del rock, es como recibir un email de la chica que te gusta con un mensaje que dice te quiero.
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Heavy Trash
Concierto: Heavy Trash (Página Web, My Space)
Lugar: Moby Dick Club
Fecha: Miércoles 24 de marzo
Precio: 17 € (Ticketmaster)
Asistiremos: Si
Conocí esta banda hace no mucho, a pesar de que conocía a Jon Spencer, le había perdido la pista desde los años del Blues Explosion, hasta que hace unos meses Ismael Kavalier me dijo que apúntaramos en la agenda el concierto de un grupo llamado Heavy Trash. Aunque al principio me temí que se tratara de una banda de hardcore, mi sorpresa fue encontrarme a un rejuvenecido Spencer con un sonido rockabilly, con toques de garaje punk y sin olvidar su faceta blues rock.
La banda Heavy Trash es uno de esos ejercicios de estilo y cirugía estética que tanto necesita a veces el alma. El último disco de la Blues Explosion hasta la fecha, Damage (2004), sonaba ya cansado, como si Spencer, el único gurú del cool capaz de casarse con una española en un pueblo de Guadalajara, mostrara signos de agotamiento.
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Los hermanos Díaz Marbán
La sala Chill Bill es uno de esos extraño bares de la noche madrileña con pintura desconchada ubicados en lugares imposibles, este en Plaza de Castilla, donde se puede escuchar música en directo. En una calle llena de edificios residenciales se encuentra este bar quizás demasiado decadente y alternativo para la zona en la que se encuentra. Pues hacia allí me dirigí el pasado sábado, respondiendo a la invitación de mi amiga Marlene para escuchar un concierto de su cover band: No tie pierde (NTP).
Tuve la fortuna de llegar entre los primeros y escuchar los ensayos de este entusiasta grupo de versiones. De manera casi solitaria pude disfrutar de los preparativos de Born to be wild o de una excelente versión del hit de Led Zepelin D’yer Mak’er, que me había perseguido toda la semana y que me encantó poder oírla en vivo. Mientras escuchaba al grupo cantar para mí (puesto que en ese momento parecía el único en prestarles atención) me sentía como un millonario excéntrico en un concierto privado.
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KISS!!!!
Hace unos días se manifestaban en Madrid un grupete de músicos de lo más variopintos en la plaza de Cuzco, frente al Ministerio de Industria, exigiendo que se acaben las descargas ilegales de música. Dentro de los manifestantes había gente tan dispar (llamémoslos así, más adelante intentaré matizar mis palabras) como Rosario, Antonio Carmona, Luis Eduardo Aute, Loquillo, David de María, Tamara o Chenoa. Al mismo tiempo, en otro punto de nuestra geografía, en Vitoria, la página oficial del Azkena, el festival de rock más importante de nuestro país, por no decir el único, anunciaba su primer artista confirmado: KISS.
Supongo que leí las dos noticias al mismo tiempo y mientras la primera me provocó una profunda indiferencia, la segunda me levantó de mi sitio y me hizo correr hasta el sitio de Ismael Kavalier para confirmarle la noticia y recordarle nuestra cita obligada con el Azkena. En mi mente todavía estaba fresco el recuerdo de la pasada edición y de nuestra estupenda aventura, por decirlo de alguna forma, puesto que nuestra participación (Raúl Omega incluído) se limitó a emborrarcharnos como cosacos, vibrar con The Zombies, escuchar a Soul Asylum de fondo mientras seleccionabamos camisetas con logotipos de bandas míticas y finalmente deleitarnos y extasiarnos con el concierto de los Black Crowes. Aunque el Askena de 2009 fue mucho más, también fue una tienda de campaña demasiado pequeña para tíos tan grandes, botellas de whisky barato que aparecían de la nada, una chica solitaria que lloraba en el concierto de los BC, un dinero de mentira (con la cara de nuestros artistas favoritos) que se intercambiaba por dinero de verdad y un poco de exaltasión de la amistad, porque en medio de esa plantación de nabos (las pocas mujeres que había, estaban claramente custodiadas por novios muy convicentes que las habían arrastrado hasta Vitoria) eso era lo mejor que ibamos a conseguir.
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La foto es mía
Este post se podría haber llamado “Concierto de rock para cuatro guitarras”, pero no es sobre música clásica. También se podría haber llamado “Viendo atardecer con un genio” pero no se trata de un cuadro. Se me ocurrió llamarlo “El viejo y el rock ” pero esto no es un libro. Porque aunque el concierto de John Fogerty el pasado lunes fue todo lo anterior, sobre todo, fue un concierto de rock, en mayúsculas, la exhibición de un genio, un derroche de talento descomunal, avasallador. Un conciertaco, como dirían los entendidos.
Todo comenzó hará unos cuatro meses, cuando el infame Verano de la Villa de Madrid publicó el cartel con los artistas que podíamos escuchar este año, previo escandaloso paso por caja. Y ahí estaba, entre un montón de estrellas decadentes y artistas de color, el líder de la Credence Clearwater Revival, un mito viviente, una auténtica leyenda del rock and roll, que nunca había venido a España y que ya nadie esperaba. Lo primero que hice fue decírselo a Ismael Gómez (todavía no era Kavalier pues este blog solo era un proyecto en mi mente); habíamos vuelto hacía no mucho del Azkena Rock Festival y todavía nos duraba el subidón rockero del concierto de los Black Crowes. Desde un primer momento se convirtió en un prioridad asistir, teníamos que ir pues como bien decía él: “no puedes decir que te gusta el rock y no asistir a este concierto”.
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Para los que nos seguís, hemos creado una página de Eventos (a la que podéis acceder pinchando en la pestaña superior), donde iremos poniendo los conciertos o acontecimientos a los que asistiremos, y de los que previsiblemente se derivará un post, o que simplemente nos gustaría recomendaros. Estad atentos a las actualizaciones.
Dice una leyenda que un tal Declan Patrick MacManus, casado y con hijos, a mediados de los años setenta iba por las tardes, al salir del trabajo, de discográfica en discográfica enseñando sus maquetas mientras envidiaba a los punkis que parecían no tener nada que hacer durante todo el día y que les bastaba con aporrear de mala manera un una guitarras, un bajo y una batería, aparte de gritar cualquier chorrada en un micrófono, para conseguir un relativo éxito en bares y salas de concierto.
35 años después, estoy caminando por los pasillos de un gran almacén francés de música, películas y libros; de repente me encuentro con el último disco de ese desconocido inglés, Secret, Profane & Sugarcane; solamente que ahora se llama Elvis Costello y es un artista reconocido en todo occidente. El punk prácticamente ha desaparecido y muchos de los punkis que Declan Patrick envidiaba están muertos.
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Aunque no se puede esperar mucho de un día que comienza por tener que levantarse de la cama, no es menos cierto que la perspectiva de unas cervezas al final del día alimentaba mi esperanza de sentirme mejor que al abrir los ojos. En cualquier caso me desperté con el convencimiento que debía hacer algo especial para celebrar el Bloomsday (y tener algo importante que contar en el post que debía escribir al otro día) aunque descarté esa idea en el acto por dos motivos: la primera es que celebrar el Bloomsday implica hacer un día de absoluta rutina; y la segunda es que a las 7:30 a.m. dudo mucho que fuera a encontrar una carnicería abierta en Malasaña que me vendieran riñones de cordero (tampoco tenía planeado ningún funeral).
Me dirigí entonces al metro, como hago todos los días, para emprender el camino a la editorial donde trabajo (línea roja hasta Canal y línea naranja hasta Barrio de la Concepción). Durante el trayecto pude avanzar en el libro de turno, otro Caballo de Troya, El niño pez de Lucía Puenzo, una novela sobre la que espero escribir un post en los próximos días, aunque es realmente convencional, para haberla editado Bértolo, y es realmente buena, para estarla leyendo yo.
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Es una suerte que existan los franceses para poder entender las creaciones artísticas de la posmodernidad, pues Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder del editor/novelista/bloguero Alberto Olmos, es un galimatías de textos y recortes sacados de Internet difícil de abordar, aunque más por la idea que por el texto en sí.
Decía Genette, aunque lo cito libremente de memoria, que una obra literaria era literaria porque, entre otras cosas, venía empaquetado en un producto (libro) que reafirma su categoría. En el caso del libro que nos atañe esto es especialmente cierto pues si no fuera porque está publicado por la editorial Caballo de Troya, editorial especialmente literaria y particularmente (pos)moderna, no hubiera estado seguro de que lo comprado fuese literatura (seguramente ni siquiera me hubiera planteado comprarlo). Creo que Alberto Olmos también pensó en Genette, o en alguien que lo leyó, cuando escribió la nota del editor que acompaña el final del libro (y la camisa del mismo): “Lo literario, muchas veces, está en el papel donde se imprime”.
Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya y personaje de la novela en virtud de la Nota del editor, en su siempre ingenioso Aviso de Lectura, que acompaña las cuartas de cubiertas de los libros de su editorial, nos invita a que leamos Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder como “una novela, es decir, un conflicto desarrollado a través de unos personajes, en un tiempo y un espacio, coral si se quiere, pero con un único argumento que se despliega en busca del destino perdido: cómo existir en medio del desierto”. Yo acepté esa invitación/reto de leer esa novela y no contento con ello me propuse que fuera mi primer post sobre literatura de mi recién inaugurado blog (para mi pensar en rock, que es una de las etiquetas principales de este blog, es similar a pensar en nueva literatura).
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