Manic Street Preachers – Postcards From A Young Man (2010)


Últimamente he sentido que estaba dejando Efecto túnel un tanto de lado. El verano había sido una buena excusa. Ya se sabe: la gente se va de vacaciones, y lo más interesante que puede ocurrir en la capital son los correosos carteles de los Veranos de la Villa. Así que resulta casi inevitable relajarse y perder de vista el blog.

El regreso, si el descanso ha sido plácido, puede ser muy difícil. Sobre todo, cuando uno se encuentra con que publican nuevos discos Weezer, Neil Young, The Thermals, Manic Street Preachers, Robert Plant, Nick Cave con sus chicos de Grinderman, Interpol… Hasta el puto Phil Collins se atreve a volver a castigarnos con su descompuesta visión del «sonido de la nueva América».

¿Por dónde empezar, me digo? Lo lógico sería empezar con las dos bandas por las que más cariño siento, que me llevan acompañando casi veinte años, y con cuyas canciones he echado e imaginado polvos; he recibido calabazas imaginativas o piadosas; he dado, imaginado y recibido hostias; y, sobre todo, con cuyas canciones me he desgañitado indecorosamente. Estas dos bandas son Manic Street Preachers y Weezer.

Comenzaré por Manic Street Preachers, que el pasado 13 de septiembre publicaron su décimo disco, Postcards From A Young Man. Todo cuanto había leído antes de esa fecha me hacía preguntarme cómo sonaría. James Dean Bradfield y Nicky Wire iban pregonando en cada entrevista que concedían, que iba a tratarse de un disco con el que tratarían de romper las listas de ventas. En una época en la que Lady Gaga es lo más, y el rock se la coge con papel de fumar, tal deseo parecía una ingenuidad.

Pero era el tipo de candor que uno se ha acostumbrado a esperar de los Manics.

A los cinco segundos de escuchar la primera canción del disco, y primer single, me vino a la cabeza el Gold Against The Soul (1993), en el que apostaron por una producción tan elaborada, que algunos les acusaron de haberse vendido. ¿Qué banda de rock no ha tenido que escuchar eso de los talibanes de la música popular?

El sonido del disco es una vuelta de tuerca a la producción del sonido que lograron con Send Away The Tigers (2007), trabajo con el que parecieron reencontrarse a sí mismos tras dos discos excelentes, pero mal recibidos por sus fans. Las canciones, sin embargo, han sido llevadas a su límite, enterrándolas a veces bajo capas y más capas de coros, colaboraciones y arreglos de cuerda.

En algunos casos, la hiperproducción es recomendable, sobre todo si tienes que vender muchos discos y cuentas con el apoyo promocional, pero no sabrías distinguir una buena canción de un patinete. No hace falta más que ver a clásicos de este tipo de engaño como Madonna, o las aprendices de Madonna que van sucediéndola, renovando y manteniendo vigente el modelo.

En el caso de los Manics, sus canciones son tan buenas que soportan el exceso. Al principio, sin embargo, se me indigestaron: había tantas voces, tantos arreglos de cuerda, tantas guitarras, tantas cosas ocurriendo a un mismo tiempo, que me sentía abrumado. Sí, me hago cargo de que en Some Kind of Nothingness canta Ian McCulloch (Echo And The Bunnymen), que Duff McKagan toca en A Billion Balconies Facing The Sun, que John Cale toca el piano en Auto-Intoxication… Pero es que, además, en medio de ese contubernio de estrellas, aparecía además un coro de gospel.

Manic Street Preachers no habrían convocado a tantas leyendas a la grabación de su nuevo disco, si no estuvieran muy seguros de la fuerza de las canciones. Y son extraordinarias, de veras lo son. Los temas no son nuevos. Pero ¿alguien conoce alguna banda que tras 20 años sea capaz de seguir encontrando nuevos temas?


Manic Street Preachers – (Its Not War) Just The End Of Love

Si tengo que ponerle alguna pega al disco, además de la producción, es el regusto a cursilería de algunas de las canciones, como Golden Platitudes o Postcards From A Young Man, donde buscando lo grandioso caen en cierto empalago popero. Sin embargo, ¿quién se puede resistir al final de la canción que da título al disco, con ese «I will not give up and I will not give in!»? Yo, desde luego, no.

Y es que es un disco pletórico, que me hace sospechar que su grandiosidad es solo la expresión del estado de ánimo con el que encararon la grabación James, Sean y Nicky. Se vieron con un puñado de grandes canciones, y se sintieron con la confianza que hace falta para lidiar con estrellas invitadas, coros, orquestas y lo que les echaran encima.

El resultado es un disco al que le falta el alma de Journal For Plague Lovers, su anterior trabajo, pero que parece el regreso al optimismo del Everything Must Go. Podría decirse que si aquél era la segunda parte del Holy Bible, Postcards From A Young Man es el regreso de una banda que con Everything Must Go nos recordó que la vida siempre nos sobrevive.

La edición de lujo de Postcards incluye un segundo CD con las maquetas de todas las canciones incluidas en el disco. Recomiendo encarecidamente su escucha, pues constituye el auténtico reverso de crudeza de un disco desmedido, y en ocasiones empalagoso, pero magnífico pese a todo.

Comentarios
3 respuestas a “Manic Street Preachers – Postcards From A Young Man (2010)”
  1. Richey James Edwards dice:

    Es un buen post.
    Eso es todo, no me hallo.

  2. Ismael Kavalier dice:

    @Richey James Edwards
    Richey, tú ocúpate de dirigirte a la luz y punto.

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