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Original Elvis Tribute. Madrid, 14 de mayo de 2010

Chris Casello y Robert "Elvis" Washigton

Cuando me dirigía a la sala Heineken para realizar la entrevista a Duke Bardwell, Michael Jarrett y Robert Washington, a quienes vería actuar unas horas más tarde, no podía dejar de pensar en una canción de la obra maestra de Gene Clark No Other (1974). La canción es «Strength of Strings», un hipnótico y ciego viaje por la confusión de un tipo para el que sentirse bien o mal son solo extremos indiscernibles.

Bardwell me contaría que Clark vivía el momento más difícil de su vida. Tras su marcha de los Byrds, su carrera en solitario no despegaba y a su mujer no le hacía gracia que la pasta no entrara en casa al ritmo al que lo había hecho en sus dos años como rockstar superventas.

Bebía demasiado durante la gira, lo hacía incluso sobre el escenario, acompañando los tragos con todo tipo de sustancias con las que trataba de superar un miedo escénico nuevo y paralizante. Debió de ser un espectáculo tan triste como común en un negocio que durante los años 70 vivía sus mayores excesos.

Se podía decir que durante dos décadas, el negocio musical vivió una especie de feliz prosperidad de entreguerras. La primera guerra había tenido lugar con el nacimiento del rock, y sus batallas se habían librado en pequeños pueblos, en salones familiares y en la crucifixión de discjockeys. La siguiente ocurriría con la llegada del punk.

Los años 70 fueron una década cuyos excesos contagiaron incluso a Elvis, que hasta su regreso a los escenarios en el 69 tras nueve años alejado de ellos, parecía renegar con su imagen del mismo género en cuyo nacimiento y difusión había tenido tanto que ver.

Mi propósito mientras preparaba la entrevista era precisamente averiguar algo sobre aquellos años en los que los músicos aún no habían aprendido el arte de la autoconservación y sacaban dos discos al año, quemaban su vida en la deriva de giras interminables y no tenían miedo a los trabajos confesionales y reales.

Kavalier y Jarret en un momento de la entrevista.

Kavalier y la leyenda Jarret en un momento de la entrevista.

Duke Bardwell había tocado con Elvis en 181 conciertos, entre 1974 y 1975. Michael Jarrett es el compositor de una de las canciones más extrañas y hermosas que grabó el Rey en los últimos años de su carrera, I’m Leavin’.

La primera vez que escuchamos al cantante del Original Elvis Tribute, Robert Washington, Silvano y yo nos sentimos deslumbrados. Su voz posee la profundidad de un cantante de soul impenetrable y sombrío, el brillo del rock and roll de los 70 y la capacidad inflamable y lúdica de una noche en las Vegas con mucho dinero para gastar y todo un día que perder en la cama al día siguiente.

Cuando entramos por la puerta de la sala Heineken, lo primero que nos llamó la atención fue lo variopinto del público. No solo en lo relativo a la vestimenta, pues había desde rockers genuinos y reacios a arrancar las hojas de sus ajados calendarios, hasta chavalines de los que decoran sus habitaciones con pósters de Avril Lavigne, pasando por señoras septuagenarias que bien podrían haber sido groupies de una imaginaria gira del Rey por la España de los años sesenta.

“Me encantan los conciertos así”, dijo el señor Clay. Es extraño encontrar un evento en el que se mezcle gente de edades tan dispares. Solo en conciertos de música clásica puede uno mezclar púberes, adolescentes, adultos y terceras, cuartas o quintas edades.

Duke Bardwell, Maxwell Gant en la batería y Washington

Uno sabe que el rock ha alcanzado la madurez de los géneros con aspiración de eternos cuando ocurre esto en algunos conciertos: Rolling Stones, John Fogerty, The Trashmen, Chuck Berry (por favor no te mueras nunca), etc. ¿Por qué alguien desea ir a un concierto de Jerry Lee Lewis? Hay una respuesta que resulta obvia: su música es fantástica. Pero hay otra no menos importante: uno puede ser testigo de reliquias vivas, escuchar canciones clásicas en la voz de intérpretes originales… ¿Alguien imagina lo que sería asistir a un concierto dirigido por el mismísimo Bach? ¿Una Pasión según San Mateo en alguna iglesia de Leipzig, en 1744? Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Keith Richards, son los clásicos que no necesitan del futuro para ser admirados y reconocidos como tales.

La música de Elvis congregó el 14 de mayo, en la sala Heineken de Madrid, a cientos de fans del Rey, que este año habría cumplido 75 años de no habérselo impedido una dieta a base de sándwiches de plátano frito con chocolate y anfetas, entre otros excesos que ni el mismo Ferrán Adriá podría deconstruir. Perdón por simplificar la caída en picado del mito.

Cuando la banda apareció en el escenario, el gran Duke Bardwell comenzó a jalear al público, que temiendo tal vez ser dejado en ridículo por aquel tipo al borde de los 60 años de edad, se animó, sin saber bien aún si aquello era parte del espectáculo, si estaban calentando, si el mismo Rey aparecería sobre el escenario.

En cuanto Robert Washington apareció, sacudiendo sus rotundas caderas de ex marine y contando la anécdota de un encuentro con las putas de Montera (“professional molesters”, como las llamó), miré a mi alrededor y lo que encontré fue… curiosidad. Todo el mundo tenía ganas de escuchar al Rey, de revivir su música, de adorar al becerro de oro o a su sustituto de latón. Daba lo mismo. Solo queríamos un buen concierto de canciones que conocíamos, que cantaríamos a voz en grito y que bailaríamos en cuanto la banda nos diera una oportunidad.

Y lo hizo, vaya si lo hizo.

Otra leyenda con auténtico aura rock.

Otra leyenda con auténtica aura rock

El repertorio consistió fundamentalmente en canciones de la dorada etapa del comeback del 68 y de lo mejor de los años 70. Lo que más me sorprendió fue la actualidad del sonido, la apuesta por un homenaje sin rancidez. Los intérpretes podían ser talluditos cincuentones o, en el caso de Jarrett, un anciano de aspecto frágil, pero nos demostraron que lo mismo que les había llevado a la música hacía más de 40 años era lo que los había traído hasta Madrid.

Jarrett, Washington, Bardwell, … y … se adentraban en el corazón de In the Ghetto, y la hacían sonar atemporal. No en el sentido estereotípico en el que se afirma algo así cada vez que algo suena como si hubiera podido ser tocado hace varias décadas. Las canciones son clásicos, atemporales, porque una banda de carcamales es capaz de tocarlas como si hubieran sido compuestas hace unos años.

No había más que escuchar su interpretación de Heartbreak Hotel, quizá la mejor que he escuchado en mi vida sin contar la del propio Elvis, para saber que lo que estábamos viendo no era un simple concierto de versiones. Era un recorrido vivo por la música del mito, de la mano de músicos con la experiencia y la capacidad de actualizar los clásicos para interpretarlos hoy, aquí, ahora, frente a ti, en el escenario que nunca se habría dignado pisar el Elvis mastodóntico y vegasiano. Pero sí, tal vez, el salvaje Elvis de un 1956 que nunca viviremos.

Mediado el concierto, y pese a la frialdad en algunos de los momentos de más calidez del repertorio como Spanish Eyes, algunas parejas rompieron la uniformidad del público para bailar. Lo hacían con más o menos pericia, pero me encantaba verlos bailar, girando en torpes pero excitados círculos, tomándose en breves abrazos para continuar no sin esfuerzo al ritmo de canciones que algunos de ellos no parecían conocer bien.

Durante una versión de Suspicious Minds al estilo de las que tocaba Elvis a su regreso a los escenarios en el 69, de casi 10 extáticos minutos, se desató una locura moderada, pero nostálgica.

Qué extraño y mágico es sentir nostalgia de lo que uno no ha vivido.

  1. Sábado, 5 de marzo de 2011 a las 07:11 | #1

    Just wanted to let you know that our show ’The original Elvis tribute’ will be returning to Madrid, at La Sala Live on May 13th.

    The show includes top performer Robert Washington, the amazing Chris Casello on guitar, the beautiful Sue Moreno as well as the following musicians that worked with Elvis:

    *Bobby Wood – a legendary keyboard player who has played on many classic hits, and who has worked with some of the biggest names in the music industry, including Johnny Cash, Neil Diamond and Willie Nelson. In Elvis’ case, he played on various sessions, including the legendary 1969 comeback sessions in Memphis, where Elvis recorded a.o. ‘In The Ghetto’ and ‘Suspicious Minds’.
    *Duke Bardwell – who played bass for Elvis at 181 shows, and who also did one recording session with him.
    *Jerome ‘Stump’ Monroe – a great r&b drummer who played for Elvis in ’71, ’75 and ’77.

    See you in Madrid on May 13th!

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