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Una buena noticia en los periódicos

Viernes, 5 de febrero de 2010 Ismael Kavalier Dejar un comentario Ir a comentarios

El pasado 3 de febrero, Promusicae (la asociación española de productores musicales) hizo público un breve informe sobre los resultados de ventas en el mercado español. Durante el pasado año, solo tres discos lograron vender más de 100.000 copias: Paraíso Express, de Alejandro Sanz (120.000); Antes de que cuente diez, de Fito & Fitipaldis (148.000); y Vinagre y rosas, de Joaquín Sabina

«El fin de la era del CD se acerca» (Apocalipsis, XI, 6).

(150.000).

En el informe se advierte de la caída en las ventas por octavo año consecutivo. Solo durante el año 2009 las ventas cayeron un 17%.

Cuando terminé de leer la noticia en el periódico, y tras acudir a la fuente original de información, la web de Promusicae, me dije: «Menos mal que los periódicos dan de vez en cuando una buena noticia».

¿Y cuál es exactamente la buena noticia?, me podría preguntar alguien. Bueno, es cierto que hay empleos en juego, y que las bajadas en las ventas significan, inevitablemente, una destrucción de empleo en un sector que factura más de 200 millones de euros anuales.

Pero no puedo culpar a nadie más que a la industria de su propia hecatombe. En España nos cuesta adaptarnos a los cambios, y se podría decir que es parte de nuestro carácter cabrearnos con el viento cuando cambia de dirección.

Los productores musicales (y los cinematográficos, pero esa es otra historia, y este un blog sobre el mundo de la música) se empeñan en continuar con un modo de explotación que la aparición del formato mp3 condenó hace ya 10 años. No es casualidad que las ventas comenzaran su caída hace 8 años, coincidiendo con su popularización gracias a (que quede claro, “gracias a” y no “por culpa de”) Audiogalaxy y Napster.

Recordemos un dato que Chris Anderson incluye en su magnífico The long tail: el mayor éxito de ventas de la historia de la música fue el disco No strings attached, el segundo álbum de NSYNC. Vendió 2,4 millones de copias en la semana de su lanzamiento en marzo de 2001, y a finales de año había vendido un total de 11 millones de copias.

¿Cómo se consiguió vender tanto de un disco tan pésimo? La respuesta es sencilla. Poderosas campañas de marketing, que incluían la omnipresencia de cinco chavalines sonrientes y rompebragas, coreografías partecaderas y descalabrantes, vídeos musicales emitidos a todas horas; y, en general, mucho dinero invertido en publicitar un producto diseñado en los despachos de una de las discográficas más poderosas del mundo.

Pero con Napster y el intercambio libre de música en mp3, la gallina de los prefabricados huevos de oro murió. ¿Hay que lamentar su muerte? Según RIAA (Recording Industry Associaton of America) y todos los grandes productores musicales, sí. Es una tragedia que hay que denunciar constantemente; una tragedia solo comparable, supongo, a la ruina espiritual de los españoles, que nos recordó el obispo Munilla.

El consumidor ya no tiene por qué resignarse a comprar un disco del que ya sabe que le gustarán los tres o cuatro temas estrella, acompañados de un mediocre relleno hasta justificar el infladísimo precio de 15 €, que suele costar una novedad en las tiendas. Si quiere una canción, puede acudir a Internet y conseguirla, sin tener que sufrir el relleno, y con un considerable ahorro incluso acudiendo a

NSYNC. ¿La nieve? Bueno, en algo tenían que gastar la pasta.

las descargas legales. Ni que decir tiene que las ilegales son mucho más baratas.

Volviendo al informe de Promusicae, prestemos atención a los grandes éxitos de ventas en España el pasado año: Sabina, Fito y Alejandro Sanz. ¿Qué les hace tan especiales, por qué han conseguido vender tanto cuando los demás venden tan poco?

La respuesta es que son tres músicos que pueden trascender el producto; y que han sabido entablar una relación con su público duradera, que no depende únicamente de las veleidosas apuestas de productores. Porque estos no son sino empresarios (lo que no digo de modo despectivo) cuyo interés puede variar de un año al siguiente, dependiendo de elementos tan extemporáneos para un músico individual como puede ser qué esté pegando fuerte en otros mercados. Si tú eres un cantautor, puede que de repente ni siquiera contesten a tus llamadas, porque ahora lo que vende es el triunfito.

El productor es muy libre de apostar por lo que quiera, de invertir en lo que le venga en gana, para obtener el máximo beneficio de su esfuerzo. Esa libertad me parece sagrada; como me lo parece la del consumidor, de decir “basta” y utilizar los medios que la tecnología ha puesto a su alcance, para comenzar a comprar lo que realmente le apetece.

Cada vez conozco a más gente que no acude a las tiendas a comprar, y que ha optado por los precios mucho más bajos de páginas web como Play.com o BangCD, que ofrecen las novedades a un precio a menudo un 50% inferior, y con gastos de envío incluidos. Y esas compras no son registradas por Promusicae, porque carecen de la información para ello, y porque no les interesa lo que se venda fuera, ya que el beneficio se lo llevan vendedores de fuera de nuestro país.

Y he ahí la clave para entender lo que está ocurriendo. Las cifras de ventas ya no pueden analizarse únicamente dentro de un mercado de distribución geográfica cerrado. Ahora hay que entender las ventas como algo global, que incluye medios de distribución nuevos como el exitoso ejemplo de iTunes, donde puedes conseguir la canción que buscas, por un precio asequible, de manera inmediata.

Siempre he pensado (quizá influido por mis lecturas marxistas en la universidad) que hay que llevar a los sistemas a su crisis, para forzar su cambio. La crisis de la industria discográfica está ahí, como lo está la clave de su renovación: venderle a la gente lo que quiere, y no lo que yo obligo por acuerdos de distribución a poner en las estanterías de las tiendas.

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