El pasado 3 de febrero, Promusicae (la asociación española de productores musicales) hizo público un breve informe sobre los resultados de ventas en el mercado español. Durante el pasado año, solo tres discos lograron vender más de 100.000 copias: Paraíso Express, de Alejandro Sanz (120.000); Antes de que cuente diez, de Fito & Fitipaldis (148.000); y Vinagre y rosas, de Joaquín Sabina

«El fin de la era del CD se acerca» (Apocalipsis, XI, 6).
(150.000).
En el informe se advierte de la caída en las ventas por octavo año consecutivo. Solo durante el año 2009 las ventas cayeron un 17%.
Cuando terminé de leer la noticia en el periódico, y tras acudir a la fuente original de información, la web de Promusicae, me dije: «Menos mal que los periódicos dan de vez en cuando una buena noticia».
¿Y cuál es exactamente la buena noticia?, me podría preguntar alguien. Bueno, es cierto que hay empleos en juego, y que las bajadas en las ventas significan, inevitablemente, una destrucción de empleo en un sector que factura más de 200 millones de euros anuales.
Pero no puedo culpar a nadie más que a la industria de su propia hecatombe. En España nos cuesta adaptarnos a los cambios, y se podría decir que es parte de nuestro carácter cabrearnos con el viento cuando cambia de dirección.
Los productores musicales (y los cinematográficos, pero esa es otra historia, y este un blog sobre el mundo de la música) se empeñan en continuar con un modo de explotación que la aparición del formato mp3 condenó hace ya 10 años. No es casualidad que las ventas comenzaran su caída hace 8 años, coincidiendo con su popularización gracias a (que quede claro, “gracias a” y no “por culpa de”) Audiogalaxy y Napster.
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