Música y verdad: a propósito del concierto de NTP en la sala Chill Bill
La sala Chill Bill es uno de esos extraño bares de la noche madrileña con pintura desconchada ubicados en lugares imposibles, este en Plaza de Castilla, donde se puede escuchar música en directo. En una calle llena de edificios residenciales se encuentra este bar quizás demasiado decadente y alternativo para la zona en la que se encuentra. Pues hacia allí me dirigí el pasado sábado, respondiendo a la invitación de mi amiga Marlene para escuchar un concierto de su cover band: No tie pierde (NTP).
Tuve la fortuna de llegar entre los primeros y escuchar los ensayos de este entusiasta grupo de versiones. De manera casi solitaria pude disfrutar de los preparativos de Born to be wild o de una excelente versión del hit de Led Zepelin D’yer Mak’er, que me había perseguido toda la semana y que me encantó poder oírla en vivo. Mientras escuchaba al grupo cantar para mí (puesto que en ese momento parecía el único en prestarles atención) me sentía como un millonario excéntrico en un concierto privado.

A JL, mi compañero de fatigas de lunes a viernes, le gusta escuchar música mientras trabaja. Nuestros gustos tienen un grupo de intersección amplio, pero lo que queda fuera de él es más amplio todavía. De modo que no es extraño que me sienta torturado, sobre todo cuando a JL le da por la nostalgia de los años 80.