“Mejor no decir su nombre, quizá esté escuchando”
En la cola para entrar en la sala Galileo Galilei, averigüé a quién estaba a punto de ver actuar: Marwan. Un cantautor de origen palestino, me dijeron. En lugar de echarme las
manos a la cabeza, preferí bromear mientras pagaba la entrada y pensaba en la primera cerveza que me tomaría nada más sentarme a la mesa.
Me sorprendió encontrarme la sala abarrotada un lunes por la noche. Salir los lunes se está convirtiendo en una costumbre, no sé si sana, pero sin duda bien acompañada. “Stormy mondays”, como la hemos bautizado el señor Clay y yo, a los que siguen los “motherfucking tuesdays” de resaca. Me faltaba esta vez mi cómplice habitual en estas salidas, aunque junto a mí se sentaba L, nueva cómplice a la que parece divertirle señalar mi querencia por la crápula.
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Acabo de regresar de disfrutar de una de esas cenas sanas y sobrias, envueltas en una atmósfera castellana de silencio juicioso en casa de mis padres. En la televisión, dan noticias sesgadas o abierta e impúdicamente falsas. Al parecer, han agredido al director de las noticias de medianoche de Telemadrid. Todos los compañeros de profesión se han solidarizado con él. Porque en la prensa, en lo relativo a la agresión, no hay diferencias.
Un asunto bien distinto es la agresión de la mentira, de la que tanto sabe el agredido. No justifico en absoluto que haya sido pateado por un desconocido. Nunca he deseado darle una paliza, por mucho que disfrazara la mentira de sentida indignación por el difícil estado del mundo. Si al menos hubiera sido un agresor identificado, a cara descubierta e iracundo, estaríamos ante un duelo interesante. Uno de esos episodios de recios antebrazos desnudos, garrotazo y puños, que han hecho tan peligroso el intercambio de opiniones en nuestro país. Imaginemos a un cateto peleándose en la calle con el señorito neocon, y este obligado a usar el jersey que lleva sobre los hombros como si fuera una malla de gladiador, y el agresor un rival en la arena del circo. Eso sí sería noticia.
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KISS!!!!
Hace unos días se manifestaban en Madrid un grupete de músicos de lo más variopintos en la plaza de Cuzco, frente al Ministerio de Industria, exigiendo que se acaben las descargas ilegales de música. Dentro de los manifestantes había gente tan dispar (llamémoslos así, más adelante intentaré matizar mis palabras) como Rosario, Antonio Carmona, Luis Eduardo Aute, Loquillo, David de María, Tamara o Chenoa. Al mismo tiempo, en otro punto de nuestra geografía, en Vitoria, la página oficial del Azkena, el festival de rock más importante de nuestro país, por no decir el único, anunciaba su primer artista confirmado: KISS.
Supongo que leí las dos noticias al mismo tiempo y mientras la primera me provocó una profunda indiferencia, la segunda me levantó de mi sitio y me hizo correr hasta el sitio de Ismael Kavalier para confirmarle la noticia y recordarle nuestra cita obligada con el Azkena. En mi mente todavía estaba fresco el recuerdo de la pasada edición y de nuestra estupenda aventura, por decirlo de alguna forma, puesto que nuestra participación (Raúl Omega incluído) se limitó a emborrarcharnos como cosacos, vibrar con The Zombies, escuchar a Soul Asylum de fondo mientras seleccionabamos camisetas con logotipos de bandas míticas y finalmente deleitarnos y extasiarnos con el concierto de los Black Crowes. Aunque el Askena de 2009 fue mucho más, también fue una tienda de campaña demasiado pequeña para tíos tan grandes, botellas de whisky barato que aparecían de la nada, una chica solitaria que lloraba en el concierto de los BC, un dinero de mentira (con la cara de nuestros artistas favoritos) que se intercambiaba por dinero de verdad y un poco de exaltasión de la amistad, porque en medio de esa plantación de nabos (las pocas mujeres que había, estaban claramente custodiadas por novios muy convicentes que las habían arrastrado hasta Vitoria) eso era lo mejor que ibamos a conseguir.
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