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The Black Crowes – Before the Frost… Until the Freeze (2009)

Lunes, 2 de Noviembre de 2009 Ismael Kavalier Dejar un comentario Ir a comentarios

Resulta muy difícil hablar del último disco de Black Crowes. Sobre todo, porque dos semanas después de haberlo recibido, lo sigo escuchando con el Black Crowes - Before the Frostmismo estupor que el primer día. No logro habituarme a su grandeza, y cada vez que me siento a escucharlo de principio a fin, tengo una impresión parecida a la que deben de sentir quienes abren uno de esos cofres del tiempo, en los que una generación ya perdida guardó un objeto que había de dar testimonio de una época.

Cuentan que Juan Carlos Onetti, tras leer el cuento de Cortázar «El perseguidor» se encerró en el baño, donde rompió el espejo de un puñetazo: él tenía que haber escrito ese cuento. Bien, pues se podría decir que los hermanos Robinson, tras escuchar las obras maestras de The Band, Grateful Dead o Allman Brothers, se encerraron para destilar la esencia de todas ellas y crear una obra propia, tan grande que pudiera salvar todos los espejos de sus mansiones de rock stars.

El resultado son 20 canciones que repasan todos los temas que hicieron grande el rock más recio de los años 60 y 70: lo bajo que se cotiza el alma cuando hay un comprador y la venta se negocia con un whisky en la mano; el arrebato del sexo y la huída; la soledad y la nostalgia del hogar que se dejó atrás, muchas veces a bordo de un tren; la celebración y, cómo no, el amor.

Black Crowes siempre han sido una banda de regusto añejo, dirigida por los hermanos Robinson, personajes difíciles y obsesionados con la grandeza, a la vez intemporal e inmediata del mejor rock. Esa obsesión los ha hecho parecer antipáticos y hasta snobs. Sin embargo, basta escuchar el resultado de sus desvelos para agradecer no sólo su voluntad, sino también su inmenso talento.

Before the frost/Until the freeze es un disco doble plagado de grandes canciones que, en una primera escucha, dan la impresión de sonar sobre el

Escuchando a los Black Crowes

Escuchando a los Black Crowes

filo que separa lo magnífico de las obras maestras. La noche que llegué a casa después del trabajo y puse el vinilo por vez primera, me tumbé sobre la cama a escucharlo. Me sentí como si estuviera bajo un árbol, con una rama de estramonio entre los dientes, y escuchara con los ojos cerrados la música a través de las paredes de un granero donde estuviera tocando la banda.

La primera cara comienza con Aimless Peacock, en la que Chris Robinson repite de manera casi ininteligible “Sing a song for everyone” una y otra vez, sobre un fondo instrumental, invitándonos a unirnos al público que asistió a la grabación en el granero de Levon Helm, y cuyos aplausos podemos oír al final de cada tema.

El disco nos lleva de la calma, sea psicodélica o campestre; al clímax rockero de canciones como Good Morning Captain y Been a Long Time, donde Luther Dickinson y Rich Robinson juegan a llevar a una banda que se conoce y se gusta, al borde de una jam; para luego contener a la bestia, sin desbordar nunca los límites de la duración de una cara de los discos de vinilo.

Es un trabajo muy variado, un doble disco excesivo en el mejor sentido de la palabra. En una época en la que los grupos son avaros con su música y la racionan para que la flauta siga sonando incluso cuando sea evidente que el talento se ha esfumado.

And The Band Played On, A Train Still Makes a Lonely Sound o la maravillosa Garden Gate nos cuentan historias que ya eran añejas herencias de fotos de sepia oxidado en la época en que el rock and roll comenzó a apropiárselas.

La inspiración de los Black Crowes es clásica, pero escuchándolos canción tras canción, uno no tiene en ningún momento la impresión de que crean que han de hacer bandera de ese carácter añejo, ni disculparse por él. Da la impresión de que anteriores intentos de ser más modernos, con irregulares resultados, los hermanos Robinson han decidido hacer lo que mejor saben, al margen de tendencias, escuchando únicamente el dictado de su descomunal talento.

«Let’s all gather round the grand piano

Let’s all raise our glasses in the air

Give a cheer to the jolly good fellows

And everyone who’s cared»

Es música para escucharla en compañía de amigos, música celebrante que sabe a licor casero, a basto tabaco de liar, a conversación animada con la boca amarga de beber y fumar y la garganta enrojecida de elevar la voz porque, otra vez, te has dejado llevar y te han mandado callar. Sabes que no será la última, que volverás a repetirte, que le dirás a esa chica algo que oscila entre la grosería y el cándido halago del paleto que llevas dentro y que esta música saca.

He hablado tantas veces con Silvano Clay de este disco, que me ha costado encontrar la forma de escribir sobre este disco. He perdido la noción del tiempo, de la línea que ha llevado desde Shake Your Money Maker hasta aquí, tras pasar por Amorica o Lions. Discos muy distintos entre sí, hitos de un camino zigzagueante como el de los borrachos: errático, no porque no se sepa adónde se va, sino porque se está ebrio de amor a la música y cada paso es en realidad un paso de baile.

Si me veis dando tumbos por la calle, despuntando sobre las azoteas de Madrid ese alba que da golpes como del odio de Dios (ay, Vallejo), sabed que los pasos de baile de este borracho se mueven al son de la música de Before the Frost/Until the Freeze.

***

Quizá sabiendo que no está el mercado para discos dobles, Black Crowes decidieron publicar un CD sencillo, al que titularon Before The Frost, con el

Before the Frost (disco 1)

Before the Frost (disco 1)

que proporcionarían a quienes lo compraran unas claves para descargarse otro disco, Until The Freeze. Quienes se compraran el vinilo, tendrían toda la música en dos discos.

A quienes aún no hayan comprado este disco magistral, esta declaración que es de amor a la música y de guerra sin cuartel a la mediocridad, les recomiendo encarecidamente que vayan a Amazon.com y se compren la edición en vinilo. Recibirán toda la música en dos vinilos coloreados, por un precio apenas superior al del CD sencillo.

Si no tienes giradiscos porque crees que eso es algo prehistórico o

Until the Freeze (disco 2)

Until the Freeze (disco 2)

incómodo, ve a BangCD.com o a Play.com, a la tienda de tu barrio, a cualquier tienda de discos. Cómpratelo. Será mucho mejor que invertir en los porros con los que te embotas para que no te importe el hecho de que hay discos que no basta con bajarse de Internet, discos que hay que tener.

¿A qué esperas? Seguro que luego te gastas el dinero en una gilipollez efímera que no te hará feliz ni por un segundo. ¿Eres de los que sólo descarga música? Bueno, tú sabrás. Si eres tan pobre que no puedes invertir los 9 euros que cuesta el disco en BangCD.com, tu pobreza es solemne, y digna de compasión. O tal vez seas sólo un avaro que nunca amó la música más allá del mp3, un gilipollas aburguesado que considera la música un capricho que tuvo en su juventud.

¿Te acuerdas de cuando aún nos molaba comprar discos? ¡Pero hemos evolucionado!

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