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Archivo para Noviembre, 2009

Pearl Jam – Backspacer

Lunes, 30 de Noviembre de 2009 Ismael Kavalier 5 comentarios

Las luces navideñas que iluminan la ciudad anuncian el fin de un año difícil. Quizá para los rockeros los 27 años sean un umbral casi mortal, y si no que se lo digan a Janis Joplin, Jim pearl_jam_backspacerMorrison, Jimi Hendrix o Kurt Cobain. Para mí, a salvo de la fama, las drogas y las piscinas devoradoras de borrachos, los 33 están siendo tan jodidos, que si viviera en la Palestina ocupada por los romanos, a lo mejor acababa en crucifixión. No una trágica de lanza en costado, sino una cómica y ligera, cantando bajo un sol de justicia aquello de Always look on the bright side of life.

Termina un año de mierda, lo cual me ha llevado, en una asociación sencilla de ideas, al último disco de Pearl Jam, Backspacer. “Do you wanna hear something sick?”, pregunta Vedder en Gonna see my friend, la canción que abre el disco, y yo le contesto desde la desordenada intimidad de mi piso que sí, que eso es precisamente lo que quiero, algo enfermo, algo loco, un desfase rockero que me ilumine y me dé esa catarsis que necesito ahora que S me ha dado calabazas. Pero, 36 minutos después, 360 minutos después, 3.600 minutos después, me descubro preguntándome dónde está esa promesa, dónde se frustraron mis esperanzas.

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Weezer. Raditude. Vida más allá de los 30.

Jueves, 19 de Noviembre de 2009 Ismael Kavalier 5 comentarios

Cada vez que a alguno de mis amigos le da por quejarse del paso del tiempo, de la idiotez radical del gobierno y de la clase política en general; siempre que a alguien le da por atormentarme con Weezer-Raditudealgún sucedáneo de profundidad, me dan ganas de salir corriendo hacia el equipo de música más cercano y ponerme un disco de Weezer. Como una cabaña en la copa del más alto árbol, fuera del alcance de la familia y los tostones de la rutina, Weezer han significado para mí, desde su primer disco, una garantía de evasión.

Además de las virtudes musicales, del inmenso talento de Rivers Cuomo para crear melodías irresistibles, está el hecho de que cada nuevo disco ha salido justo en el momento justo de mi vida.

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Entrevista con Alexisonfire: borrachos, amantes, pecadores y santos.

Martes, 10 de Noviembre de 2009 Ismael Kavalier 2 comentarios

Unas horas antes del concierto que Alexisonfire dieron el pasado 6 de noviembre en la sala Joy Eslava, en la gira Eastpak Antidote Tour, tuve la ocasión de charlar un rato con el cantante George Pettit, contrapunto brutal a la voz angelical de Dallas Green. CarlitosWay me ayudó, grabando la entrevista en vídeo, que colgaremos pronto.

 

George Pettit (Alexisonfire)

George Pettit (Alexisonfire)

Ismael Kavalier: Lo primero de todo, felicidades por el último disco. No es que crea que abordéis nuevos temas, pero sí que habéis profundizado más en aquellos asuntos que habíais tocado en anteriores discos. ¿Qué os ha motivado para profundizar en ellos, qué temas os han inspirado más?

 

 

George Pettit: En lo que respecta a los temas, creo que lo que más me ha inspirado es… Paso mucho tiempo en casa y me estaba convirtiendo en una especie de adicto a las noticias. Me estaba interesando en lo que ocurría en Ginebra, con los grandes experimentos científicos que se estaban realizando allí… Y no sé, tal vez eso me abriese a un montón de preguntas. Así que este disco creo que es sobre hacerse preguntas, las incertidumbres respecto a las grandes preguntas que todos afrontamos: por qué estamos aquí, qué se supone que debemos hacer… Ya sabes, típicos dilemas existenciales. Eso es básicamente lo que me inspiró. Estaba de un humor muy… existencialista.

IK: ¿Camus?

GP: Sí, Camus, y cosas así, tuvieron mucho impacto en lo que había empezado a escribir.

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Millencolin: una road movie sin moraleja (II)

Jueves, 5 de Noviembre de 2009 Kavalier & Clay Sin comentarios

Terminamos nuestras bebidas y nos dirigimos a la estación de servicio donde habíamos dejado el coche aparcado. Los surtidores mugrientos, levantados sobre ruinosos pedestales de cemento, podían haber marcado precios en reales; y no nos habría sorprendido más de lo que nos asombraba la cantidad de socavones que llenaban todo aquel paisaje casi lunar al borde de la carretera. Si en la luna lloviera y hubiera estaciones de servicio, tendrían ese aspecto.

Gasolinera en la Luna. Foto cedida por la NASA.

Gasolinera en la Luna. Foto cedida por la NASA.

En menos de dos horas, nos encontrábamos en Bilbao, buscando la sala con la ayuda de un mapa de Google, el iPhone de Gerardo y las indicaciones de la gente a la que preguntábamos, incluido un sudamericano que esperaba el autobús, y al que Gerardo preguntó cómo llegar en coche. El hombre nos dio indicaciones genéricas con las que no podríamos llegar a ningún sitio, pero tampoco perdernos, y le dimos las gracias tras el poco acierto al escogerlo para pedirle ayuda.

Llevábamos más vueltas que el tiovivo alrededor de un centro comercial en torno al que parecía gravitar todo Barakaldo, así que me recosté cansado en el asiento trasero para dar una cabezada. Entonces vi el letrero que indicaba que la sala Rock Star Live estaba ahí mismo.

Dejamos el coche en el parking del centro comercial y fuimos a buscar a Nikola a la puerta de la sala, tras anunciarle que habíamos llegado por fin. Él quería ver el Guggenheim, lo que a mí no me hacía especial ilusión, pero había que ir con la corriente. Y aquella tarde, la corriente se llamaba Nikola.

En el centro comercial había un Burger King, y yo voté por tomarnos un whopper rápido antes de salir disparados al museo. Mientras comíamos a toda prisa nuestras hamburguesas, charlamos brevemente de fútbol (bueno, en estas conversaciones suelo meter poca baza para meter poca pata) y de cómo estaba yendo la gira. Nikola nos contó que los conciertos de Lisboa y Santiago habían sido sold out, y que estaban bastante contentos.

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Millencolin: una road movie sin moraleja (I)

Jueves, 5 de Noviembre de 2009 Ismael Kavalier Sin comentarios
Millencolin. Foto de Jens Andersson.

Millencolin. Foto de Jens Andersson.

Antes de cada concierto, me gusta tomar el pulso del grupo que voy a ver. Y la forma de hacerlo es, hoy día, acudir a Internet. Claro que esto no es válido para algunos grupos, sobre todo los más grandes, de los que incluso tiempo después de haber muerto, queda aún la huella en forma de miles de páginas no actualizadas. Páginas de fans que han dejado de interesarse por la banda, que mantienen vivos clubs de fans únicamente para vilipendiar los últimos discos y echar de menos la gloria de los viejos tiempos…

Lo que le ocurre a Millencolin se podría tomar como sintomático de lo que ocurre con todo el rock. Nada hace que sean más representativos que cualquier otra banda que lleve junta más de cinco años. Sencillamente, en ellos leo lo que le viene ocurriendo a un buen número de grupos. Y si he escrito esto es para hablar de Millencolin, no de los putos Pignoise.

Encuentro a quienes agrada la “nueva” dirección de los discos, más rockera. Otros reconocen varios temas de cada uno de sus últimos trabajos como “temazos”, pero ningunean el resto de canciones. Pero esos temas destacados son tan rockeros como los otros, luego la crítica no es que se hayan olvidado del skate punk para dirigirse por derroteros más convencionales, ¿o sí? Cuando acabo de leer las páginas de fans, sus opiniones disfrazadas de críticas de discos en páginas más o menos amateur, lo único claro es que Millencolin no son tan buenos como solían ser… casualmente cuando el que opina era más joven.

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The Black Crowes – Before the Frost… Until the Freeze (2009)

Lunes, 2 de Noviembre de 2009 Ismael Kavalier Sin comentarios

Resulta muy difícil hablar del último disco de Black Crowes. Sobre todo, porque dos semanas después de haberlo recibido, lo sigo escuchando con el Black Crowes - Before the Frostmismo estupor que el primer día. No logro habituarme a su grandeza, y cada vez que me siento a escucharlo de principio a fin, tengo una impresión parecida a la que deben de sentir quienes abren uno de esos cofres del tiempo, en los que una generación ya perdida guardó un objeto que había de dar testimonio de una época.

Cuentan que Juan Carlos Onetti, tras leer el cuento de Cortázar «El perseguidor» se encerró en el baño, donde rompió el espejo de un puñetazo: él tenía que haber escrito ese cuento. Bien, pues se podría decir que los hermanos Robinson, tras escuchar las obras maestras de The Band, Grateful Dead o Allman Brothers, se encerraron para destilar la esencia de todas ellas y crear una obra propia, tan grande que pudiera salvar todos los espejos de sus mansiones de rock stars.

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