Un día como hoy, hace 53 años exactamente, Elvis Presley actuó por vez primera en el show de Ed Sullivan. El famoso presentador se había negado siempre a dejar que Elvis apareciera en su programa, pese a su creciente popularidad. Le parecía demasiado obsceno, y haría todo lo que estuviera en su mano para cerrar las puertas de su audiencia al rock.
En aquella época, Sullivan era el líder televisivo. Cómo han cambiado los tiempos, piensa uno, al ver el aspecto de aquel hombre de éxito, un cromagnon de aspecto hosco y mezquino, sin cuello, que era lo más parecido a mezclar un armario, un profesor de religión, un pitbull y un pastor adventista del séptimo día, y dar a la mezcla aspecto humano.
El rock era entonces peligroso, un mundo lleno de personajes de dudosa reputación y oscuras intenciones. Porque una cosa era que los negros hicieran su blues eléctrico e hicieran lo que fuera que hiciesen en los antros a donde iban a perderse; y otra bien distinta que a los jóvenes blancos les empezara a gustar el rock, un género híbrido que olía a negro.
Todo el mundo se podía fiar de Bill Haley, porque al menos parecía un profesor de literatura que se esforzara por caer bien a toda la familia y hacer olvidar a todos que era más estrábico que el demonio. Ese tupé que se sostenía con pinzas sobre una frente amplia y alopécica y esa cadera monolítica de anciano con braguero garantizaban una actuación decorosa.
¿Y ese joven Presley, guapo, que sonreía y cuya mirada no sólo hacía creer a los televidentes en sus hogares que de verdad podía verlos, sino que les hacía temer que estaba mirando a sus hijas, que temblaban a su lado en el sofá? ¡Eso sí que no! Los padres confiaban en Ed Sullivan.
Sin embargo, la moral americana ha tenido siempre un poderoso rival en el dinero. Y Sullivan, doctor honoris causa por la Killniggers University de Wichita (es coña, pero podría haberlo sido), no era ninguna excepción. Por eso, cuando se dio cuenta de que las apariciones de Elvis en los programas de Steve Allen y Milton Berle en junio y julio de 1956, habían sido seguidas por millones de espectadores, tuvo miedo de perder a un público al que ya no le gustaban Perry Como y Patti Page.
Quiso el destino, sin embargo, que la primera aparición de Elvis en el programa de Ed Sullivan no la presentara él, sino el actor Charles Laughton. Un accidente de coche había dejado al presentador con graves heridas en la cabeza (aunque la cirugía estética entonces no estaba lo bastante desarrollada para darle aspecto humano), y tuvo que ver el programa desde la cama del hospital.
Elvis Presley tocó aquella noche del 9 de septiembre de 1956 tres canciones: Don’t be cruel, Love me tender y, para terminar, Ready Teddy. Con el fin de evitar que la actuación de Elvis tuviera un efecto indeseado en la moral de los jóvenes estadounidenses, se dio orden estricta a los realizadores de enfocarlo sólo de cintura para arriba. Sin embargo, con la última canción alguien desobedeció las órdenes y utilizó varios planos en los que se pudo apreciar en toda su magnificencia el juego de caderas de Elvis.
60 millones de personas siguieron aquella noche de hace 53 años la actuación del Rey del Rock. Si tuvo o no un efecto nocivo en la moral juvenil, es algo que debemos en gran medida a ese desconocido realizador.
Love me tender
Don’t be cruel
Ready Teddy



