Official Secrets Act. Moby Dick, 11 de septiembre de 2009


Apenas una hora antes del concierto, durante la entrevista que Silvano Clay y

Official Secrets Act. Madrid, 11 sept 09

Official Secrets Act

yo hicimos a los miembros de Official Secrets Act, Lawrence (bajo) nos decía lo que para ellos significa tocar en directo: «Cuando tocamos, intentamos llegar a la gente, arrebatarla. No estamos en el escenario en plan “eh, somos guays”… Lo que tratamos de hacer es decir a la gente: “Eh, esta es nuestra canción, nuestra pasión. Somos una banda, estamos vivos, mañana podríamos no estarlo. Vamos a pasarlo bien”».

Y eso estábamos dispuestos a hacer cuando entramos en Moby Dick, a tiempo de ver a Men Called Him Mister, la banda madrileña a la que le tocaba telonear esa noche. El concierto era el nº 3 del Next Big Thing, resultado de los esfuerzos de un promotor, Trevor Lough, de dar a conocer a pequeñas y prometedoras nuevas bandas de la escena británica. Ya nos había dado a conocer a nuestros idolatrados Dead Kids, y ya nos había avisado de que lo que se avecinaba la noche del 11 de septiembre era grande. Muy grande.

Men Called Him Mister salieron a escena increíblemente rígidos y distantes. Apenas lanzaban una mirada al público, compuesto en su mayoría, como es lógico en este tipo de conciertos, de amigos, hermanos, novias y vecinos. Una chica junto a mí llevaba una camiseta negra en cuya espalda había una serigrafía con el nombre del grupo. Una legión tímida de amigos para un grupo tímido, pensé.

Cuando comenzaron su actuación, las canciones sonaban tremendamente mejor que en su versión en Myspace. Lo cual no tiene tanto mérito, si alguien se detiene a escucharlas. Esperaba más, sin embargo, de su actitud en escena. Cuando llevaban ya cuatro canciones, Clay protestó junto a mí: «Llevo ya diez fotos por lo menos y son todas

Men Called Him Mister

Men Called Him Mister

iguales. Estos tipos no se mueven». En efecto, durante la mayor parte del concierto, no acertaban a salir de su aparente desconcierto, y se miraban nerviosos, procurando con demasiado esfuerzo acertar a tocar sus instrumentos, sin prestar ninguna atención al hecho de que tenían un público delante.

A Men Called Him Mister les costó un buen puñado de canciones arrancarse; y cuando por fin lo hicieron en el último tercio de su actuación, fue mirando al suelo, haciendo un ruido inarmónico que nada sabía de melodía ni de fuerza, y que parecía la coraza de un tímido, más que una idea musical. Hubo canciones, sin embargo, que brillaron, como Make it loud, que sonó muchísimo mejor que en su versión myspace.

Tras el mal trago que parecían haber pasado Men Called Him Mister, los aplaudí. Espero que sigan trabajando, no sólo las canciones sino también su entrega en el escenario, para que dejen de mirar al escenario y dirijan sus canciones al público. Mirad a la cara al público y sabréis qué conseguís con vuestra música. Las sonrisas beatíficas de los vecinos y amigos no cuentan.

Alrededor de las diez de la noche, los cuatro miembros de Official Secrets Act subieron al escenario. Dirigieron una mirada al fondo de la sala, midiendo al público, sintiendo en el alma cada espacio abierto y deseando la proximidad de la gente. Todo el mundo parecía tímido aquella noche. Comenzaron con Mainstream, primera canción de su magnífico primer álbum, Understanding Electricity (2009). De inmediato, nos dimos cuenta de que aquello era distinto a lo que habíamos escuchado en el disco. Era el sonido enérgico y directo, preciso y arrollador de un grupo que se conoce y busca el filo del directo, en el que la energía del público influye en la canción y le insufla algo de esa energía multiforme de la multitud que suda, grita y baila en un garito.

Los temas de su disco se fueron mezclando con otras canciones que no conocía, y que debían de salir de los singles. Había escuchado la cara b de So Tomorrow, Do Not Be Alarmed, y la había alabado durante la entrevista, pidiéndoles no muy sutilmente que la metieran en el setlist. No funcionó. Sin embargo, nos habían advertido que solían incluir muchas caras b en sus conciertos. Aquellas canciones eran, de algún modo, una mirada al pasado reciente de OSA. Más directas y rockeras, eran perfectas composiciones que parecían durar tres minutos sencillamente porque ese es el tiempo que hace falta para llevarse al público al huerto si tienes el suficiente talento. Cada vez que hacían alguna incursión fuera de Understanding Electricity, no hacía sino menear la cabeza en mi asombro. ¿Y habían dejado eso fuera del disco? ¿Cuánto había en ese arsenal?

Tom pidió al público que se acercara a ellos. “Más cerca es más divertido”, nos decía. El público parecía un poco cohibido al principio. Pero no hay timidez que cien años dure, ni alma viva que se resista a Girl from the BBC, a So Tomorrow, al crescendo de Little Birds o a la espectral nostalgia de Victoria. Para terminar de convencer a todos los que nos acercábamos centímetro a centímetro a ellos, Tom abandonaba el escenario y bajaba junto a nosotros, a cantar mirándonos a los ojos y a demostrarnos, encaramado sobre nuestras cabezas, que cualquier resistencia era inútil. Miré por encima de mi hombro y vi a mis amigos, que se habían animado a acudir en el último momento, movidos sólo por nuestras recomendaciones y sin conocer una sola canción de OSA, pasándolo bien. Mi amiga Nuria le robaba el sombrero a Justin, un amigo de la banda al que acabábamos de conocer y testigo mudo de la entrevista que Clay y yo habíamos hecho esa tarde. Lawrence bailaba sin parar un instante, inyectando en el cada vez más cargado aire de Moby Dick fulminantes líneas de bajo rockeras, bailables, funkys, pop, abismales. Me pregunté si las dudas de la crítica para categorizar a OSA no tendrían mucho que ver con la versatilidad del estilo de Lawrence tocando. Mike sonreía mientras tocaba los teclados, sumaba una guitarra más o hacía los coros, añadiendo capas de melodía; capaz de iluminar un tema o de hacer que lo sobrevuele el traslúcido dolor de las canciones de pop perfectas. Detrás de todos ellos, la batería de Alex mantenía la cohesión de aquellos universos de tres minutos.

Alex, Lawrence, Tom y Mike habían llegado a aquella noche, tras solo dos años tocando juntos, con una de las mejores colecciones de música pop que he oído desde hace más de una década, defendida con la contagiosa pasión de su directo. Lo que me remite a la entrevista, cuando nos hablaron del tiempo en que vivían en el local de ensayo, donde practicaban y trabajaban diez horas diarias. Talento, ambición y trabajo duro en una escena como la británica, donde bandas que aquí acaparan medios y premios no lograrían ni un hueco la noche del hootenanny de un pub de mala muerte.

Tras un breve descanso una hora después de haber comenzado el concierto, la banda se retiró unos minutos. A su vuelta al escenario, nos sorprendieron con una versión del Be my baby, de las Ronettes, que comenzó con Mike echándole una mano a Alex a la batería. Cuando después del concierto pude hablar con Mike, le pregunté si tocaban muy a menudo esa canción. Me contestó que la habían hecho unas cuatro o cinco veces, y que era muy divertido tocarla en directo. La respuesta del público había sido un magnífico colofón a una noche mágica donde, una semana después de haber vivido lo peor y más ñoño del pop, habíamos asistido a una frenética celebración de la música.

Anímate a dejar un comentario

Calendario

septiembre 2009
L M X J V S D
« ago   nov »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930