Diez canciones para una década: 2000-2009. La década Bush

¿Cómo se sale de esta jodida década?
Esta lista, la primera de una serie que recorrerá la música popular por medio de 10 canciones de cada década, comienza con el periodo 2000 – 2009. De acuerdo, la década no ha terminado, pero nada hace presagiar la llegada de ningún fenómeno musical rompedor en el año y poco que queda. .
No tenemos una respuesta clara a la pregunta de por qué parece que no sale nada verdaderamente fresco, rompedor y que aglutine a toda una generación, como sucedió con el grunge en los 90. Quizá se haya consolidado la milonga postmodernista, y los reyes del cotarro sean las discográficas, más interesadas en grupos de vender y tirar, que en líderes carismáticos que pueden acabar metidos en el caballo y saboreando con curiosidad el sucio cañón de una escopeta.
Sea como sea, hemos creado una lista con la sospecha de que esta década será más recordada por los desvaríos políticos de George W. Bush, que por la música.
1. Lost art of keeping a secret, de QOTSA.
Queens of the Stone Age, las Reinas de la Edad de Piedra, nacieron de las decepcionadas cenizas de Kyuss. La separación de Kyuss llevó a Josh Homme al límite de los sueños de grandeza que alberga todo auténtico rockero. Durante un año, no tocó una guitarra. Sólo accedió a salir de su retiro animado por su amigo Mark Lanegan.

Como me entere yo de que vas contando nada...
Regresó a los escenarios como guitarra rítmico de unos Screaming Trees que se recorrieron los EE.UU. y Europa, tratando de vender su magistral Dust a un mundo al que no le importaba nada esa banda con dos gordos mórbidos en su formación.
Quizá fue aquella la experiencia que convenció a Homme de que el único remedio para la decepción que había tumbado el purasangre Kyuss era hacer música acompañado de amigos. Igual que lo hiciera con su anterior banda, pero esta vez sin concesiones. Si alguien no estaba por la labor, o había malos rollos, a la puta calle.
Así surgió Queens of the Stone Age: como un grupo de amigos que se conocían bien de largas jam en el desierto, de interminables giras en las que tocaban imbuidos de un espíritu más cercano al be bop de lo que muchos estarían dispuestos a admitir. ¿Josh Homme como el Charlie Parker del rock? De acuerdo, el símil está pillado por los pelos, pero si alguien en el rock actual podría morir de un ataque de risa, ese es Josh Homme.
El primer disco de QOTSA sirvió para probar de qué pasta estaban hechos esos Kyuss sin John García. El segundo disco, en el que aparecía The lost art of keeping a secret, era una vuelta de tuerca más afinada, más centrada en la composición de canciones que en dejarse llevar por el fuzz y la distorsión de los amplis de bajo. El sentido del humor, la visión perversa de la fiesta, eran más evidentes que en el primer disco. Si acaso, era el disco concebido en una habitación en penumbra de una casa donde se celebra una fiesta. En ella, los no invitados, quienes se sumaron a ella entrando por una ventana abierta, se entregan a aficiones que uno no puede mostrar en el salón, donde se bebe con los hermanos mayores y sus prometidas y se escucha algo de pop llorón o a los putos Vetusta Morlaco.
“Whatever you do… don’t tell anyone”.
2. Fell in love with a girl, de White Stripes.
“Fell in love with a girl
fell in love once and almost completely
she’s in love with the world
but sometimes these feelings
can be so misleading”.

Jack Milhouse y Meg Simpson
Todo el que haya pasado por la experiencia alguna vez, sabe que enamorarse “casi completamente” lo lleva a uno a pasar por varios estados de confusión que, una vez pasado el trance, no podemos recordar con claridad. Eso nos lleva a juzgarnos con la injusta severidad de los sobrios.
No nos reconocemos en la ebriedad de esa entrega, en la imagen de los pantalones bajados, el culo lleno de barro, el pelo sucio y los ojos lagrimeando de puro gozo, con el corazón en la boca, no se sabe si tratando de escapar o de ser tomado por la chica que a punto ha estado de matarnos.
Contar todo esto es difícil. Hacerlo en 1:50, en menos de dos minutos, puede parecer imposible. Pero pensemos en esas escalas geológicas, donde se compara nuestra existencia con la creación de la Tierra, o la deriva continental, cosas así que a nadie le importan ahora. Algún listillo nos dirá que nuestra vida es, en comparación, tan fugaz como un minuto. Así visto, un minuto y cincuenta segundos son casi dos vidas. Las dos vidas que corrieron al río y se besaron, follaron y, al terminar, se dieron cuenta de que si podían sentir el desbocado carnaval de sus corazones, es porque estaban vivos.
Gracias, Jack White.
3. Last nite, de The Strokes.
Last night, she said:
“Oh, baby, don’t feel so down.
Oh, it turns me off,
When I feel left out”
Recuerdo haber escuchado esta canción por primera vez a principios de siglo, la prodigiosa década de los 90 se despedía (y con ella se despedía 50 años de buena música) dejando como como cadáveres los horribles grupos vocales masculinos que abonarían el terreno para el auge del rap y el hip-hop comercial que tanto éxito tendría en esta década. Cuando parecía que el rock, y digo el rock de masas, iba a reposar en el panteón de los héroes, apareció esta sencilla canción que comenzó a escucharse en todas las emisoras de radio y verse continuamente programada en la aún todopoderosa MTV, no sin razón muchos opinaron que eran los salvadores del rock. Last nite es un single estupendo que se parece a tantas cosas que si no supieras de quien es se lo podrías atribuir a The Clash, o a The Velvet Underground, inclusive a The Kinks. Además, el grupo cultivó mucho esa estética retro para darle fuerza al videoclip, era, además de una apuesta comercial que rindió pingües beneficios, una declaración musical de intenciones. Volvía el rock de tres acordes; el sonido crudo de las guitarras; una voz dura, rasgueada e intensa.
Last Nite son unos escasos tres minutos de rock en estado puro, sin trampa, pero con todo, aún hoy me preguntó como consiguió esta canción convertirse en un éxito de público y crítica. Supongo que ser un oasis en el desierto ayudó; supongo que escucharlo fue como ver a un amigo con el que no hablabas hacía tiempo; supongo que muchos pinchadiscos se agarraron a este éxito como a un clavo ardiendo (presintiendo lo que se venía). No sé por qué, y puede que no sea así, pero por alguna razón esta canción se conserva en mi mente como el último rock hit de alcance global.
4. Hey ya!, de Outkast.
Para comprender la grandeza de Dre y Big Boi, de Outkast, basta con escuchar de principio a fin Speakerboxxx/The love below, el disco doble en el que apareció Hey ya! Dre y Big Boi son dos talentos totales, capaces de concentrar todas las corrientes, intenciones y contradicciones de la música negra reciente.
Big Boi, interesado en el hip hop más urbano, y con los pies en la tierra; y Dre, al aspecto más popular, festivo, irónico y sensual, concibieron este disco como si de dos proyectos en solitario se tratara. Para que esta intención fuera evidente, crearon un doble libreto, fotografías de muy diverso estilo y dos cubiertas en las que aparecían cada uno por separado.
Disco tan experimental como todas sus entregas anteriores, parece significar, tras la decepción de Idlewild, el agotamiento de una fórmula que nos dejó varias obras maestras en una época en la que parecía que los músicos negros que más vendían estaban demasiado preocupados por lucir tipitos aceitosos en impecables vídeos en la MTV.
Hey ya! los hizo mundialmente conocidos, y hasta Greg Dulli, en sus giras con los Twilight Singers, se ha contagiado y ha incorporado esta gran canción a su repertorio. En Hey ya!, que forma parte del disco de Dre, The love below, es una canción sobre los affair sin compromisos, sin lastres familiares, hechos para volar o bailar.
«If what they say is “Nothing is forever”
Then what makes, LOOVVEEE the exception…».
En Hey ya! Dre revela algunas irónicas intenciones que podrían pasar desapercibidas para quienes no pasan de la superficie, y usan este disco para mojarse los pies nada más. En mi opinión uno de los mejores singles de esta década que acaba, es parte de un viaje lúcido y disparatadamente divertido por los claroscuros del amor, el sexo y la ambición.
5. Neighbourhood #2 (Laika), de Arcade fire.
Cuando escuché el Funeral, de Arcade fire, que me había recomendado mi amigo Román, no sabía qué esperar. A veces me cuesta conectar con sus gustos, sorprendentemente indies. Encuentro difícil no sentir lástima de esos pobres chicos acomodados que escriben y lloran lánguidas canciones sobre una vida supuestamente difícil, sobre sentimientos que los arrebatan contemplando la lluvia incesante (o el sol incesante, que lo mismo da para ponerles tristes) desde el otro lado de ventanas en enormes casas de barrios residenciales con seguridad privada.

Gente que siente intensamente incluso en los ascensores
Y cuando encima encontré un vídeo en Youtube de Arcade fire apoyando la dudosa causa de la comunión del rock con la moda… Bueno, digamos que cerré los ojos y me tiré a la piscina, escuchándolos sin prejuicios. Y gracias a ello he podido incluir esta gran canción, de un magnífico disco. En mi opinión, uno de los mejores del 2004.
Podría haber escogido casi cualquier otra canción del Funeral. Pero este tema tiene una especial importancia para mí por ese mensaje, que el cantante grita todo lo desgañitado que puede cantar un tipo indie y aficionado a la moda:
«Come on Alex, you can do it
Come on Alex, there’s nothing to it.
If you are something, don’t ask for nothing.
If you are nothing, don’t ask for something!!»
Así es, individuos anémicos y alicaídos, aficionados a contemplar el mundo tras un flequillo antibalas, a quejaros de vuestra falta de valía, pero dispuestos a tocarle los cojones a todo el mundo porque nadie os valora. La cosa es bien sencilla: si eres alguien, no pidas las migajas; si no eres nadie, no pidas nada y desaparece. Como diría el difunto San Michael Jackson, mártir, “beat it!”.
6. Feel good Inc, de Gorillaz.
“Love forever love is free Let’s turn forever you and me
Windmill, windmill for the land
Is everybody in?”
No sé si Damon Albarn ha llevado muy bien eso de que su banda virtual, Gorillaz, se haya hecho más famosa que su banda real, Blur. El caso es que así ha sido y cuatro dibujos animados son uno de los grupos de rock más famosos de la década que se acaba, algo que resume en gran parte la virtualidad de los últimos años y de unos fanes que viven más pegados a la pantalla de un ordenador que a una botella de whisky mientras intenta montar un tienda para poder ir escuchar a sus grupos favoritos en un festival de rock. No hay que confundirse, Feel good Inc es una gran canción, llena de efectos, muy pegadiza y con esos momentos trip hop tan acertados; pero lo que realmente da respaldo a esta canción (como a toda la idea de Gorillaz) son los magníficos dibujos de Jamie Hewlett. Está claro que son dos cosas que no se puede separar, Gorillaz es la banda virtual más éxitosa de la historia pero muy en el fondo no puedo dejar de entristecerme de relacionar la palabra rock con virtual porque, por anticuado que parezca, me parece que la música tiene que ser una experiencial sensorial real.
Aún así, no hay que ser más papistas que el Papa, también Iron Maiden hizo caja usando ilustraciones en las soberbias cubiertas de sus discos como reclamo, también Kiss se ha valido de su imagen caricaturezca para encadilar a fans de medio mundo, supongo que todo vale a la hora de promocionar y vender los discos. Porque a diferencia de Spinal Tap, otro famoso grupo virtual, Gorillaz es una propuesta artística seria y realmente una de las mejores bandas de la década que se acaba. Basta sentarse a escuchar/ver Feel good Inc y disfrutar de la letra delirante, de la fantasía visual, de la explosión sonora para comprender lo que acabo de decir.
7. Obstacle 1, de Interpol.
Es difícil ser post rockero. Hay que admitirlo. El prefijo es la primera señal del fracaso: se ha llegado cuando todo ha acabado, y sólo quedan ceniceros llenos, botellas vacías, un sofá ocupado por una pareja que se acaba de conocer, y que se volverá a conocer cuando despierten abrazados, en la neblina de la resaca.
Algunos como yo nunca nos dimos cuenta de que la fiesta había terminado. Por ese motivo, la llegada del post rock nos pilló desprevenidos. Me sorprendía el temor de unos grupos que parecían heredar la autocompasión del grunge, pero sin el deseo de hacer ruido. Sigilosamente, se colaron en mi equipo de música algunas bandas notables, entre las que incluyo a Interpol.
«She can read, she can read, she’s bad… She can read, she can read… she’s bad…»
Elegir algo de las letras de esta fabulosa canción, con unos cambios de ritmo que lo arrastran a uno bajo la cama, para ocultarse porque algo ha entrado en la habitación, no resulta difícil. Una chica que sabe leer, que sabe leer, que es mala… “Oh, she’s bad…”, lamenta la profunda voz, que recuerda a la de Ian Curtis. A un híbrido post Curtis, tal vez.
No es fácil ser post. Que se lo digan al chico que encontró a una chica que sabía leer y pensó: “Qué mala”.
Y qué canción más buena. Gracias a Ceri Jones por enviarme este disco desde Inglaterra. La adorable Ceri.
8. This is such a pity, de Weezer.

“Tengo tanto poder, que me da miedo...”
Cuando Rivers Cuomo, líder de Weezer, canta sobre las relaciones de pareja, dejo lo que estoy haciendo y me siento a escuchar. Me pregunto cómo será su vida privada, y si toda la sabiduría que ha plasmado en sus letras se deriva de sus experiencias; o del mismo genio que permitió a Shakespeare escribir sobre todos los vericuetos del alma humana, sin salirse nunca de un tiesto de tres plantas en Stratford upon Avon.
Toda la rabia de Pimpinela, mezclada con la caprina decepción amorosa de Camela, aderezadas con las lágrimas del burguesito Tom Waits borracho de sí mismo, y multiplicadas por 1.000, no podrían alcanzar los límites imperiosos y maléficos del genio de Cuomo. Nadie sabe cantar la ruptura y el amor como este tipo con una pierna más larga que la otra, que se oculta (en esta lista todo el mundo se oculta: es el mal del siglo XXI) tras sus gafas de pasta y una guitarra con la que podría matar al mismísimo Chuck Norris.
Nada en Weezer es lo que parece. Cuando Cuomo canta islas paradisíacas, se las arregla para que las palmeras no le permitan a uno ver el palmeral, donde algo terrible acecha. Una bestia que sólo devora pardillos, tranquilos.
Nada en esta canción es lo que parece, tampoco. Una pareja se pelea, y a punto están los vecinos de llamar a la policía. El violento amor de los dos puede ser tomado como anecdótico o apasionado. Pero al final de la canción, Cuomo se las arregla, como el mejor autor de estribillos desde Frank Black que es, para engañar a la misma serpiente:
«This is such a pity,
We should give all our love to each other,
not this hate that destroys us…
All our love…»
Y entonces los coros cantan, como si fuera el eco reminiscente de los versos anteriores: «Destroys us…». Pero en Weezer nada es casualidad, sino el fruto de la retorcida y genial mente de Cuomo. El verdadero mensaje de esta canción, quizá la mejor de toda la discografía de Weezer, es “All our love destroys us”.
El amor nos destruye. De acuerdo, no es como leer a Cormac McCarthy, o al ya mencionado Shakespeare, pero esto es rock, por el amor de dios…
9. National Anthem, de Radiohead.
“Everyone
Everyone is so near
Everyone has got the fear
It’s holding on
It’s holding on”
Dicen que Radiohead toca esta canción en todos los conciertos desde que apareció en el año 2000, publicado en el albúm Kid A. National Anthem es puro rock experimental, densa, con mucha influencia jazz, con un riff muy pontente y una letra pertubadora. Puede que no sea la canción más famosa de Radiohead de esta década, de hecho, ni siquiera fue lanzado como single del albúm, pero si es el mejor ejemplo de por qué este grupo consiguió sobrevivir a los turbulentos 90 y convertirse en uno de los grupos más respetado de los últimos años. La verdad es que resulta sorprendente que un grupo que sorprendió al mundo con un sencillo tan comercial como Creep (apesar del armonia opresora y agobiante marca de la casa) hayan evolucionado a lo que son ahora, una de las bandas más innovadoras del panorama músical, que en su último albúm, In Rainbow, tuvieron la ocurrencia de “regalar” (es decir, dejar que el comprador fijara el precio) por internet y aún así conseguir que fuera el albúm más vendido del año y, por supuesto, uno de los mejores de su carrera.
Pero volviendo a National Anthem, la verdad es que resulta díficil encontrar cual sería el mejor momento para escuchar una canción como esta, fruto del caos de una década que comenzaba con el cambio de siglo y con un fin de la historia prometido que parecía no cumplirse, el mundo seguía obstinado en matarse los unos a los otros y comenzaba así la era Bush. Radiohead nos ofrece este particular himno que resumía a la perfección lo que ibamos a sentir durante los siguientes ocho años, bienvenidos al 2000, “todos estamos tan cerca, todos tenemos miedo”.
10. Rehab, de Amy Winehouse.
“The man said ‘why do you think you here’
I said ‘I got no idea
I’m gonna, I’m gonna lose my baby
so I always keep a bottle near”
Hay que decirlo, esta canción entró en esta lista por los pelos y casi por accidente luego de una discusión a la hora de elaborar la lista entre los dos autores de este blog. Fue la última elegida para la lista y entró por el empeño de Clay en sacar de la lista a otra que había propuesto Kavalier. Lo cierto es que este radioéxito es una canción impecable, donde se oye en toda plenitud la potencia vocal de la amiga Casadevinos, un soul decadente y a la vez moderno, el motown del siglo XXI. Amy Winehouse es, desde luego, la figura más mediática de esta lista y también la más joven. El final de esta década le pertenece a ella, para bien o para mal. Esta descendiente espiritual de Billie Holiday, se ha hecho famosa tanto por su música como por sus divertidos escándalos. En una época marcada por el escepticismo, donde no sabemos distinguir lo real de lo impostado y por lo tanto ya no nos creemos nada (recuerdan el supuesto par de “lesbianas” rusas que estuvieron en Eurovisión, tal como yo lo veo son peores que la farsa de Milli Vanilly); quiero pensar que la actitud de Amy es verdadera, que ella realmente es una yonqui con una voz maravillosa. Supongo que la droga puede ser muy beneficioso para un artista hasta que comienza a joderte los conciertos, a partir de ahí tienes que cargar con la loza de unos fans que ya no se fían de ti y de unos promotores que ya no te quieren contratar.
Drogas y alcohol aparte, Rehab es un sencillo perfecto, muy contemporáneo, movido y bailable si lo pinchan en una discoteca, tranquilo y profundo si lo quieres escuchar solo en tu casa, es el fruto de un talento joven y prometedor, de una cantante con una voz descomunal. En una época en que las mujeres se dejan manejar como títeres por la industria discográfica (Pink, Avril Lavigne, Lady GaGa), Amy parece recuperar la independecia de las vocalistas de los 90 (Sheryl Crow, Alanis Morrisette) y la potencia y el desmadre de las de los 80 (Deborah Harry, Joan Jett).
Me ha encantao (he dicho)
¿Nadie añora un guiño a la música nacional con la imperdonable ausencia de Nena Daconte? Tenía tanto que daaaaaarte… En la próxima década darán mucho que hablar¡ A los que gusten de Interpol: Paul Banks, cantante de la banda, ha sacado un disco en solitario bajo el nombre de Julian Plenti, “Skyscraper”. A currarse la lista de los noventa, señores.
No sabía lo del disco de Paul Banks, pero se acaba de convertir en candidato para una reseña en Efecto túnel.
Espero impaciente…
La verdad es que me ha sorprendido la lista un poco; me esperaba cosas más “famosas”, como Jet, System Of A Down o Stereophonics, por ejemplo.
Pero no quiero decir que no me haya gustado, me ha sorprendido y he escuchado grupos a los que no había prestado la más mínima atención debido a mi alergia a lo “Indie”; pero me ha gustado bastante el “National Anthem”.
Yo hubiera metido otras canciones, pero la lista es vuestra y habeis metido las que os salido de los cojones, que para eso es vuestra!
Que onda esta buena la pagina, ya conocen a calaveras de menta?
@Román
pendejos