Un corazón puro y afilado. Alexisonfire: Old Crows/Young Cardinals
Alexisonfire es una banda canadiense que conocí hace alrededor de un año. Buscaba en internet algo nuevo, que me sacara de un entumecimiento
parecido al que describió Jon Landau en su famosa crítica de un concierto de Springsteen, en el año 74, cuando no era más que un reportero de Rolling Stone.
Sentía el mismo tedio, la misma impresión de que no hacía más que volver a escuchar los mismos discos, una y otra vez. No podía a esas alturas descubrir nada nuevo en ellos. Regresaba al London Calling, al Ten, al Nevermind, al Highway to hell, con la desazón del callejón sin salida. Corría el riesgo de cansarme de discos que marcaron mi vida porque no encontraba nada lo bastante excitante para redescubrirme el gusto por la música.
Para perfilar mejor el contexto en el que conocí a Alexisonfire, debo reconocer que quizá porque no encontraba nada interesante, me había desviado de mi camino en busca de algo nuevo; y lo había encontrado, para sorpresa de todos cuantos me conocen, en la música barroca.
No voy a ponerme a explicar ahora el porqué de mi afición a la música barroca, pero durante un par de años me sirvió para volver a sentir la misma excitada sensación de ignorancia hambrienta y codiciosa que cuando desperté a la música a comienzos de los 90, con 14 años, y de EE.UU. llegaban bandas como Nirvana, Jane’s Addiction, Pearl Jam, Alice in Chains, etc.
En aquellos tiempos, si alguien se acuerda, no era fácil encontrar información de las bandas que conocíamos por cintas que nos grababan los amigos, los compañeros de instituto, los desconocidos con los que intercambiábamos revistas, artículos fotocopiados que leíamos con voracidad o, cuando no había otra cosa, rumores.
Cuando reunía el dinero para comprar un disco (la cerveza y el kalimotxo competían con mi afición a la música, y nadie me podía grabar un litro), ocupaba todo mi tiempo libre durante semanas en las que leía las letras, los créditos y memorizaba el nombre de productores, diseñadores de cubiertas, listas de agradecimientos y en general todo detalle que sirviera para conocer mejor a las bandas.
Sin internet, no siempre era fácil averiguar qué aspecto tenían aquellos ídolos de los que no tenía más que el sonido. Ahora que lo pienso, era como estar preso en la caverna; con la diferencia de que, en lugar de ver sombras, tenía ante mí lo único que importaba: la música. ¿Os podéis creer que, hasta la época del Versus, dos años después de escuchar el Ten, no supe qué aspecto tenían Pearl Jam? Hoy día las bandas no son nada sin el soporte visual que proporciona la red.
Si algo bueno tenía lo difícil que era conseguir música hace casi 20 años, era la paciente intensidad de su disfrute. Pero no quiero que esta afirmación se tome como un ataque a esta era internetiana. Muchos amigos me dicen que han perdido parte de la emoción de escuchar música por saturación. Yo también he pasado por épocas de glacial indiferencia, en las que nada de lo que escuchaba me hacía sentir el más mínimo interés. Como el personaje de Tim Roth en La leyenda del pianista en el océano, la infinidad de la oferta paralizaba mi capacidad de decisión.
He tenido, sin embargo, la suerte de conocer a gente que, movida por su insaciable entusiasmo, me ha recomendado grupos por cuya música siento la misma emoción que cuando tenía 14 años y todo era nuevo. Así conocí, gracias a Txomin, a Coheed & Cambria o a Strung Out.
De modo que si alguien piensa que internet tiene la culpa de su

¡Si escucho una puta canción más de Shakira, os juro que me mato!
progresiva pérdida de interés en la música, sólo me queda decirle que su problema es otro. Que lo que le ocurre es que ha dejado de hablar con sus amigos, o que sus amigos han dejado de molar. O que su novia le ha jodido tanto con Madonna, El canto del loco o Shakira que, como Christopher Walken en El cazador, se ha refugiado en el autismo musical para no seguir sufriendo.
Alexisonfire es otro de los grupos que he conocido gracias a que internet es un coto inabarcable y plagado para el cazador solitario. Los encontré por casualidad, buscando algo de screamo un género limitado y con pocas bandas interesantes. Género al que había llegado rebotado por el emo, una etiqueta con la que se agrupa un buen puñado de niños pijos que lloran porque alguien los ha mirado mal en el instituto. La principal virtud del hipertexto es precisamente esa búsqueda sin fin, que, tarde o temprano, nos descubre algo interesante a la vuelta de la más estúpida esquina.
Y a la vuelta de una, me tropecé con Alexisonfire.
La primera canción que escuché de ellos fue No transitory. De inmediato me encantó el juego de la brutal voz de George Pettit y la cualidad casi angelical de la de Dallas Green. El primero se rompía la garganta como quien se rasga las vestiduras, sin miedo de acabar desnudo ante desconocidos; el segundo era un contrapunto de armonía casi transparente, de una belleza entre exultante y elegíaca.
Me descargué su discografía, que entonces ya contaba con tres discos (Alexisonfire, Watch Out y Crisis) y unos cuantos ep. Prácticamente no escuché nada más durante semanas. Busqué próximos conciertos en su web, me vi todos los vídeos que pude encontrar en Youtube, y como no tenía nada más que sus discos, los escuché una y otra vez, hasta la saciedad.
Comencé incluso una labor de proselitismo que, me entristece confesar, fue totalmente infructuosa. No logré despertar mucho interés por Alexisonfire entre ninguno de mis amigos. Txomin fue el único que aceptó una copia de Crisis, y supongo que alguna vez la escucharía. Pero poco más.
Así que sólo me queda Efecto túnel para contar que Alexisonfire sacó nuevo disco hace menos de tres semanas. Old Crows/Young Cardinals (OC/YC) sucede a Crisis, con el que afianzaron su estilo y siguieron sumando nuevos fans.
OC/YC comienza con las dos canciones cuyos títulos dan nombre al álbum. En la primera de ellas, Old Crows, nos encontramos un espectáculo conocido: el abandono de la adolescencia en su sentido más festivo, inocente y libre de responsabilidades, y el paso definitivo y a menudo fatal hacia la edad adulta. “No somos los chavales de antaño, deja de darle vueltas”, repiten en el estribillo. No es una aceptación sin más del paso del tiempo; junto con Young Cardinals, nos recuerda que acaso sea posible conservar algo del inconformismo de un tiempo en el que todo parecía más fácil y al alcance de la mano, pues el exceso de energía eclipsaba las consecuencias; o, lo que es más probable, nos ocultaba la futilidad de nuestras acciones.
El resto del disco sirve al mismo alegato, en defensa de las energías de la juventud, contra los enemigos comunes de la ambición exclusivamente material, el conformismo o esa nostalgia peligrosa según la cual todo era antes mejor, más auténtico. Es un mensaje que puede parecer demasiado cándido en ocasiones; sobre todo cuando lo escuchamos de la casi seráfica voz de Dallas Green. Afortunadamente, la hosca réplica de Pettit mantiene en todo momento el disco en un equilibrio frágil, tan melódico como potente.
Uno de mis momentos favoritos de OC/YC es The Northern, en la que Alexisonfire se apropian la letra del himno religioso “Roll, Jordan, roll”. Una canción atípica, desconcertante, que tal vez encajaría mejor en el proyecto en solitario de Dallas Green, City and Colour. Sin embargo, eso me privaría de escuchar a Green cantar “aleluya, quiero ir al cielo”, mientras Pettit invoca las siete trompetas del apocalipsis y grita a una madre (¿la virgen María?) que debería estar allí, con el enérgico acompañamiento de unos riffs metálicos y oscuros. Sumo The Northern a la lista de razones para amar a Alexisonfire.
Tras Accept Crime, donde se reivindica la libertad del cuerpo, el placer incívico por definición del sexo más puro, ante el cual no hay autoridad que valga (“there’s no police between two beating hearts”), Green canta en Burial un último deseo: que acabe el invierno. Un deseo difícil de visualizar en el contexto de este verano inclemente, seco y asfaltado de Madrid.
Hey Cabalier! Estoy escuchando el disco en cuestión, y de momento me está encantando!
Madremía! En estos momentos estoy escuchando atentamente el disco por segunda vez, y no sé cómo agradeceros que me hayais descubierto semejante maravilla!
Hacía tiempo que no sentía tanta excitación al descubrir un nuevo grupo que te toca la fibra como lo está haciendo Alexisonfire!
Por favor, no os guardeis para vosotros solos tesoros como éste! Muchas gracias por hacerme volver a creer en la música!
Enormes, es el grupo que mas he escuchado en el ultimo par de años (y City&Colour no le va muy a la zaga en cuanto al tiempo que les he dedicado). En noviembre pasan por España, aun siendo teloneros puede ser antologico.
@samedrug
Ahí estaremos en noviembre. El Eastpak tour nos trae a Anti Flag y a Alexisonfire en directo. No podemos perdérnoslos.
Para mí, Alexisonfire son también una de las bandas que más he escuchado en los últimos dos años, más o menos.