“Piensa feliz que el mundo es un eterno
instrumento de ira y que el ansiado
cielo para unos pocos fue creado
y casi para todos el infierno…”
Jonathan Edwards (1703-1785), de Jorge Luis Borges
Eran poco más de las 7 de la mañana y yo esperaba el metro para ir al trabajo, cuando junto a mí, una chica recibió una llamada telefónica. La crispación de su rostro y las preguntas que hacía, desconcertada, dejaban claro que estaba recibiendo malas noticias. Rompió a llorar tan pronto hubo comprendido, e inmediatamente después de colgar la llamada, se giró hacia mí y me dijo: “Michael Jackson ha muerto”.
No sé por qué, de entre toda la gente del andén, se volvió hacia mí. Quizá porque había notado que la observaba desde que habíamos perdido juntos el metro anterior. En cualquier caso, fue una casualidad que se volviera y me comunicara la noticia, ante la que sólo acerté a decir: “No me jodas”, con una sorpresa genuina, cargada de una pesadumbre sobre la que he pensado en estos días.
Ella lloraba desconsolada, y tal vez, en la elusiva urgencia del camino al trabajo, del vagón que nos esperaba legañoso y abarrotado, yo, que llevaba 5 minutos a su derecha, era lo más similar a un rostro conocido.
Durante el trayecto en metro, no aparté la vista de ella. Hacía poco que habíamos recibido la noticia del fallecimiento de Antonio Vega, y esa muerte la había vivido a través de los ojos de mi amigo Carlos. Su memoria de adolescencia estaba llena de conciertos, discos, canciones y letras de Antonio Vega; y su muerte había significado para Carlos algo parecido a la confirmación de que vivía una época desolada, desencantada y extraña. Quizá el número de recuerdos que incandescieron en la mente de Carlos eran los hitos de un camino sin retorno; y pensar en ellos a propósito de la desaparición de Antonio Vega era constatar la distancia recorrida y lo lejos que quedaban ya algunos de los sueños de una época.
Me pregunté qué momentos de la vida de aquella chica estaría recordando en ese instante al saber que su ídolo había muerto. Y entonces se me ocurrió la idea de escribir algo sobre el modo en que hemos vivido a través de nuestros ídolos musicales, lo que han significado para nosotros y qué momentos de nuestras vidas estarán para siempre vinculados a las notas de una canción, el estreno de un vídeo o un viaje para asistir, en alguna remota ciudad, a un concierto, en compañía de los nuestros.
Habiendo tomado la decisión, y con un poco de miedo a ser tomado por un moscón madrugador y necrófago, me aproximé a la chica poco antes de mi parada, y le dije que escribía en un blog, y que me gustaría escribir sobre la muerte de Michael Jackson. Para lo cual, le expliqué, necesitaría el testimonio de gente como ella, de fans que relataran sus experiencias y me contaran qué había significado para ellos.
Exageré mis intenciones, a riesgo de ser mandado a tomar por el culo, con todo el mundo que nos rodeaba mirándome con ironía. No deseaba escribir únicamente sobre el Rey del Pop, sino también sobre otras figuras como Antonio Vega, Joe Strummer, Shannon Hoon, Jeff Buckley, Kurt Cobain, Layne Staley, etc. Pero no tenía tiempo para explicaciones y, si me decía que no a la máxima, la mínima no lograría un cambio de opinión.
Sorprendentemente, la chica me dijo que sí ipso facto. Me comenzó a dar ideas, como si nos conociéramos de hace tiempo. Teniendo que cortarla porque se aproximaba mi parada, le di mi teléfono para que me llamara si seguía queriendo colaborar. En ese momento no me pareció muy buena idea pedirle su número, y preferí dejar en sus manos la voluntad de participar con su testimonio. Si aceptaba contarme sus vivencias, tendría tiempo de sobra para explicarle cuál era exactamente el plan de este relato.
Para mi sorpresa, esa misma tarde recibí una llamada de un número que no tenía en la agenda. Cuando descolgué, reconocí al otro lado de la línea la voz de la desconocida fan de Michael Jackson.
“¿Era en serio lo de esta mañana, lo de escribir sobre Michael Jackson?”
“Claro”, contesté.
“¿Por dónde empezamos entonces?”.

glup, el nudo en la garganta … quiero más !!!
Cojonudo; de una colaboración que empieza así, sólo puede salir algo bueno… Espectante me hayo!