Un post que el mundo también se va a perder
Es una suerte que existan los franceses para poder entender las creaciones artísticas de la posmodernidad, pues Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder del editor/novelista/bloguero Alberto Olmos, es un galimatías de textos y recortes sacados de Internet difícil de abordar, aunque más por la idea que por el texto en sí.
Decía Genette, aunque lo cito libremente de memoria, que una obra literaria era literaria porque, entre otras cosas, venía empaquetado en un producto (libro) que reafirma su categoría. En el caso del libro que nos atañe esto es especialmente cierto pues si no fuera porque está publicado por la editorial Caballo de Troya, editorial especialmente literaria y particularmente (pos)moderna, no hubiera estado seguro de que lo comprado fuese literatura (seguramente ni siquiera me hubiera planteado comprarlo). Creo que Alberto Olmos también pensó en Genette, o en alguien que lo leyó, cuando escribió la nota del editor que acompaña el final del libro (y la camisa del mismo): “Lo literario, muchas veces, está en el papel donde se imprime”.
Constantino Bértolo, editor de Caballo de Troya y personaje de la novela en virtud de la Nota del editor, en su siempre ingenioso Aviso de Lectura, que acompaña las cuartas de cubiertas de los libros de su editorial, nos invita a que leamos Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder como “una novela, es decir, un conflicto desarrollado a través de unos personajes, en un tiempo y un espacio, coral si se quiere, pero con un único argumento que se despliega en busca del destino perdido: cómo existir en medio del desierto”. Yo acepté esa invitación/reto de leer esa novela y no contento con ello me propuse que fuera mi primer post sobre literatura de mi recién inaugurado blog (para mi pensar en rock, que es una de las etiquetas principales de este blog, es similar a pensar en nueva literatura).
Cuando terminé de leerlo, lamenté, por unos minutos, haber elegido esta novela para mi primer post, pensé que debería haber optado por el último premio Alfaguara, tal y como me recomendó Ismael Kavalier, coautor de este blog. En todo caso, comprendí que ya estaba perdido, era tarde, tenía que tener listo el post que me había propuesto publicar hoy. Pero lo lamenté no por la dificultad sino porque la brillantez de la propuesta no me permite decir nada bueno ni malo sobre ella, resultaría una trivialidad, digna de los textos con los que está compuesta esta novela. Aunque la novela permite ser leída de muchas maneras (a saltos o empezando por el final), he respetado la lectura que propone el editor/autor (asumiendo que Olmos quiera que la leamos de principio a fin) y me he sumergido en esa compilación de textos de la Wikipedia, twetts de Twitter, imágenes de Internet, correos basura, y posts de blogs, muchos posts, malos, malísimos, tan malos que terminan siendo buenos. Y finalmente he comprendido que en efecto, hay algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder pero ninguna está en los posts ni en los textos escogidos para este libro (uno a uno cargados de lugares comunes y clichés a raudales) sino en la mágica conjunción de todos que nos permite asomarnos a esta novela como si fuera un intento de ordenar literariamente ese caótico almacén de contenidos que se llama Internet, y aunque no dudo que Google sería capaz de crear un algoritmo que creara estos libros al por mayor y a razón de 77 diferentes cada segundo, dudo mucho que fuesen lo mismo sin la certificación de Alberto Olmos y Constantino Bértolo.
Realmente esta es una novela de ideas porque propone no solo la revisión concatenada de una serie de textos aleatorios sin la menor importancia (dotándoles de la credibilidad literaria que da el papel) que fuerzan al lector a replantearse su idea sobre qué es la literatura; sino porque también propone una posibilidad dentro de la potencialmente traumática relación entre Internet y literatura.
Algunas ideas buenísimas que el mundo se va a perder (2009), edición de Alberto Olmos. Madrid: Caballo de Troya.
Posdata: al terminar este post me doy cuenta que no puedo dejar de pensar en los franceses, y en concreto en el macabro Derrida, y he escrito esta reseña crítica respetando el lenguaje y el discurso del libro reseñado (con sus imágenes y sus hipervínculos), es decir, he usado un post en un blog para comentar un libro que es una suma de posts en blogs (en plan Pierre Menard, autor del Quijote); toda una fantasía posmoderna. Quizá con el tiempo este texto también se convierta en literatura… Dios no lo quiera.
El medio es el mensaje. Fantástico, querido Silva.
Creo sinceramente, docto amigo, que la primera afirmación de su texto es una falacia. La existencia de los franceses es una maldición que le ha caído al mundo como la piorrea o la sífilis, conocida como mal francés.
Empero, el resto es de esas cosas que te pinzan la curiosidad, a lo mejor, digo a lo mejor leo el libro, si consigo terminar las obras completas de Aznar…
Algún día esa frivolidad de que hace gala le explotará en la cara, señor Mundi.