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Grace around the world: Gritar una noche de mayo

jeff_buckleyAyer recibí por fin “Grace around the world”, la última idea para seguir sacando tajada del escaso legado musical de Jeff Buckley, muerto en un estúpido accidente en 1997, cuando tenía sólo 31 años.

La primera vez que escuché a Jeff Buckley fue en 1996. Grace había ido ganando un público poco a poco, boca a boca. En Francia, descubrimos después, era un ídolo de masas. Aquí a nadie parecía importarle nada que no cantaran Héroes del Silencio. Manu, uno de mis compañeros de la facultad de Físicas, me dejó dos discos: Live at Sin-é y Grace. Era época de exámenes y no tenía mucha intención de prestar atención a aquellos discos; pero me los llevé a casa de todos modos. En un par de días tenía un examen de termodinámica, que impartía un profesor con un parecido más que razonable con Chiquito de la Calzada. Era la primavera de mis 20 años y acababa de dejar a una novia; ni qué decir tiene que estaba tan desbocado como un adolescente de 20 años en primavera y sin novia. Si me he quedado corto de metáforas, ustedes me perdonen. Cuando se tienen 20 años y una primavera por delante sin ataduras, no hay metáforas que valgan.

Así que, tres días antes de un examen de termodinámica impartida por Chiquito de la Calzada (¿cómo podía aquel hombre permitirse el lujo de aquella calva y aquellas patillas cuando Chiquito estaba tan de moda y era tan obvia la semejanza?), Manu me dejó lo que entonces era toda la discografía oficial de Jeff Buckley.

En casa, pasé del mini lp en directo que es Live at Sin-é, y puse en mi reproductor de CD el Grace. Mi intención era dejarlo sonando de fondo, mientras me peleaba con las ecuaciones de termodinámica y trataba de valorar mis posibilidades reales de aprobar aquel examen y no ir a septiembre.

“I’m lying in my bed
the blanket is warm
This body will never be
safe from harm…
Still feel your hair
Black ribbons of coal
Touch my skin to keep me whole…”

Todas aquellas ecuaciones desaparecieron. Recuerdo coger la caja del CD y quedarme mirando fijamente las fotografías de Jeff Buckley del libreto. Mientras miraba incrédulo las imágenes y buscaba explicaciones en las escuetas notas incluidas en el CD, las canciones se iban sucediendo, sometiéndome a un hechizo del que hoy, 13 años después, no he despertado.

“There’s the moon asking to stay
long enough for the clouds to fly me away…”
Mojo Pin, Grace, Last goodbye, Lilac wine…

Sentado frente a mi cadena de música, mirando alternativamente el tiempo en el reproductor de CD y el libreto, escuché Grace de un tirón. Deslumbrado por cada uno de los temas de aquel disco, la belleza de sus letras y de las armonías vocales; el corazón profundamente rockero que latía incluso en las canciones como Hallelujah y Corpus Christi Carol, en las que el amor se transformaba en un fenómeno tan ineluctable y profundamente verdadero que parecía una religión. Cuando, con Dream brother, terminó el disco, pulsé play otra vez, diciéndome que para estudiar termodinámica ya era tarde; pero que aquel disco había llegado a mi vida en el momento justo.

jeff_buckley_sineEn Last goodbye me encontré a mí mismo, diciendo adiós a la chica de la que había estado intermitentemente enamorado durante más de dos años. En Lilac wine, fue el ebrio autoengaño al que me he entregado muchas veces; pero tal vez nunca con la jadeante y ciega intensidad con la que lo hice entonces. De Lover, you should’ve come over, mi canción favorita, me quedó la sensación de haber hecho algo injusto y necesario: injusto para mí, necesario para ella. Eternal life contaba algo sobre un prójimo anónimo y genérico que se había labrado un futuro sin tener en cuenta que el rastro de sangre acabaría por revelar su paradero, sin importar lo lejos que llegara.

“Tell me where is the love in what your prophet has said?”.

Dream brother terminaba el disco de una manera que me pareció casi edípica. Me recordó, de algún modo sólo intuido e injustificable, a The End, de los Doors. Si me preguntan, diré que es por la danza insana del personaje que se observa desde la sombra, por el nombre que dejó tras de sí, envejeciendo.

En cualquier caso, escuchar Grace por vez primera no me ayudó a superar aquel momento crucial de mi vida. Unos meses después, decidí abandonar la carrera de Físicas tras dejarlo con mi novia; e irme a Inglaterra, a cambiar de aires y a ver algo de mundo.

Desde aquel día, he sido un fan incondicional de Jeff Buckley. Es fácil ser incondicional cuando tu ídolo ha muerto y no puede cagarla. Si acaso, meterán la pata sus herederos, que decidirán crear un catálogo post mortem irregular, en el mejor de los casos.

missisipi

El Mississippi a su paso por Memphis. Lugar donde fue encontrado el cuerpo de Jeff Buckley.

Porque Jeff Buckley murió menos de un año después de aquel primer encuentro. En mayo de 1997, el mismo Manu que me había dejado Grace, me dijo: “Tío, Jeff Buckley ha muerto”. Cuando le pregunté de qué hablaba, me dijo que se había ahogado cruzando el Mississippi. “Sí, claro, con Pepe Navarro, no te jode”, contesté. Ese comentario, y mi sospecha de que Manu me estaba tomando el pelo, se entiende si se recuerda que hubo un tiempo en el que “Esta noche cruzamos el Mississippi” era el programa más visto de las noches. Manu me aseguró que no era un vacile, lo que confirmó trayéndome al día siguiente un recorte de El País: “Muere ahogado el cantante Jeff Buckley”, que aún conservo, ya amarillento.

Desde entonces, he esperado y comprado cada nueva grabación que añadiera algo a las únicas diez canciones del Grace y las cuatro del Live at Sin-é. Con el tiempo, y por culpa de la irregular calidad de las mismas, fui perdiendo inevitablemente el interés. Eso sí, sin dejar de comprar los discos y DVD. Los compraba, puntual, pero con la certeza de que me sentiría decepcionado.

Sin embargo, cuando hace una semana un compañero me contó que sacaban algo nuevo, por supuesto, lo busqué y, tras averiguar en qué consistía, lo compré.

Grace around the world está compuesto por dos DVD y un CD. El CD contiene el audio de las primeras 12 actuaciones del primer DVD, y es una inclusión innecesaria dado todo lo que ya se ha publicado de Jeff Buckley en directo.

El primero de los dos DVD contiene 17 grabaciones realizadas entre 1994 y 1995, durante la gira para promocionar Grace. En él encontramos a Jeff tocando con su banda en televisiones de Alemania, Reino Unido, Japón o Estados Unidos. No hay nada verdaderamente novedoso, sobre todo para quienes, como yo, aprovechábamos cada viaje a Londres para comprar todos los vídeos piratas que encontrábamos en Camden Town. Lo único verdaderamente interesante del primer DVD son los fragmentos de entrevistas que hay entre canción y canción, que nos muestran a un Jeff Buckley entregado a su pose de niño mono y sensible, con una verborrea de poesía beat apta sólo para fans sin juicio crítico.

Porque la verdad es que, y eso es algo que he descubierto más tarde, Jeff Buckley era un encantado de conocerse. Entregado a sus chorradas, a veces parece una mezcla inverosímil de Patti Smith y Jim Carrey. Durante una entrevista, se ve a Jeff Buckley arreglándose el pelo ante la cámara. La periodista, sorprendida, le pregunta y Jeff suelta un rollo poco convincente sobre su eterno mal aspecto que lleva a la presentadora a preguntarle si está fingiendo, posando. A lo que Jeff contesta que no posa, ni finge, nada. Después de ver el primer DVD, no estoy tan seguro de que estuviera diciendo toda la verdad.

El segundo DVD contiene el documental Amazing grace, grabado por fans y sin interés para quien no lo sea a su vez. Junto con grabaciones inéditas de Jeff y su banda en el estudio, durante la grabación de Grace; en Amazing grace encontramos entrevistas a fans que conocieron a Jeff Buckley en diversos momentos de su corta carrera. Entre esos fans se incluye Chris Cornell (cantante de Soundgarden y Audioslave, compositor de tema de una peli de James Bond y aprendiz de Bon Jovi en su carrera en solitario), quien lo describe como un músico maduro sin miedo a experimentar con todo tipo de canciones, por extrañas que parecieran.

Y ese es precisamente el valor de Amazing grace: nos recuerda a un Jeff Buckley distinto del idiota afectado de las entrevistas del primer DVD; al músico versátil capaz de saltar del jazz al hard rock, sin que a nadie le pareciera forzada la transición.

¿Debo recomendar Grace around the world? La respuesta, como es lógico, dependerá del interés que se tenga en Jeff Buckley. No hace falta haber tenido ningún encuentro trascendental para adorar su música. La forma en que mezclaba influencias tan dispares como Nina Simone, Bob Dylan, Leonard Cohen o Led Zeppelin, junto con la versatilidad emocionante de su voz y una banda sobre cuyas virtudes se debería hablar más a menudo, es suficiente para sentir interés.

Si alguien ahí fuera adora Grace y lo considera uno de los mejores discos de la década de los 90, le recomiendo encarecidamente comprarlo.

En mi caso, cada vez que escucho Grace, sigo sintiendo algo que parece premonitorio pero no puede serlo, porque todo ha ocurrido ya y no puedo anticipar el pasado. Cuando se extinguen las últimas notas de Dream brother, sigo deseando gritar, una noche de mayo de 1997, y advertir a Jeff del peligro de sumergirse en aquellas aguas.

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  1. Raúl Omega
    Lunes, 22 de junio de 2009 a las 15:15 | #1

    Lo siento, pero después de leer esto, le he dado a Jeffie otra oportunidad y he vuelto a escuchar “Grace” por enésima vez… y me sigue dejando frío.
    No me confundas, no es que no me guste, es que simplemente no le cojo “el punto”. En fin, ya sabes qué difícil y a veces extraño es coincidir en sensaciones musicales con otros; y qué raro te parece que a alguien no le guste “ese pedazo de banda”, qué inexplicable parece. Y qué alegría da cuando coincides con otro en apreciar “ese disco que no lo conoce ni dios”.
    Afortunadamente, es imposible coincidir exactamente con el resto de la humanidad; eso es lo que hace grande a la Música!

  2. Ismael Kavalier
    Martes, 23 de junio de 2009 a las 04:23 | #2

    Sí, don Raúl, es difícil coincidir y no me gustaría de todos modos que ocurriera. Es muy obvio decirlo, pero todo sería más aburrido si coincidiéramos más.
    En su caso, ya sabe usted que yo detesto algunos de sus gustos musicales. Su afición al más rancio AOR (la R final es precisamente de “rancio”) es algo que nunca entenderé. Pero lo quiero igualmente.

  3. Oscar
    Miércoles, 1 de diciembre de 2010 a las 09:32 | #3

    Hola. Tan solo quería hacerte una pregunta, porque llevo un buen rato investigando y no consigo encontrar la respuesta. Quiero hacerme con estos videos, pero antes quisiera saber si los dvds están subtitulados en español, ya que de inglés, lo justo…
    Gracias por este review. Aquí otro que no puede dejar de escuchar a Buckley. Cuando no lo escucho, siento la necesidad de hacerlo, y cuando lo hago, no puedo dejar de hacerlo…
    Gracias!

  4. Martes, 14 de diciembre de 2010 a las 09:00 | #4

    @Oscar
    No todos los materiales de los DVD tienen subtítulos, y los que los tienen están en inglés, en sueco y algún otro idioma más, pero no en castellano. Sin embargo, bien podría ser que hubiera alguna otra edición española que incluyera esos subtítulos.
    Si eres muy fan de Jeff Buckley, como yo, te lo comprarás, idioma aparte. Porque los vídeos merecen la pena.
    Eso sí, yo descubrí por las entrevistas que era un poco petardo, un poco amanerado en plan cultureta y encantado de conocerse. El Jeff Buckley que descubres en las entrevistas es un poco pagado de sí mismo, con muchos gestitos irritantes de “soy guay”.
    Disfruta de su música.

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