Dead Kids: energía multiplicada


El cantante Mike, pura energía

Mike, pura energía

Mi decepción con el concierto de Idioterne no me pilló por sorpresa. En la presentación de su primer disco ya se me hicieron evidentes los signos del cansancio, así como la frustración de un grupo joven y con algunas ideas buenas, que no nuevas, que había visto un puñado de buenas canciones convertido en un escaso disco de 34 minutos de guitarras domesticadas y grabadas en una casa demasiado limpia.

Así que tengo que admitir que no esperaba nada de su actuación en Moby Dick. Si había una razón para acudir a otra cita con ellos, es que no era una cita con ellos. A todos los amigos con los que había quedado para ir al concierto, les había insistido en la buena pinta que tenían los Dead Kids. La banda madrileña y la londinense habían sido agrupadas en un evento nominado con el ambicioso título de “Next big thing”.

Durante el concierto de Idioterne, vi en un lado de la sala, muy cerca del escenario, a Mike, el cantante de Dead Kids, acompañado de quienes supuse serían parte de la banda. A Mike lo reconocí por los vídeos que había visto en Youtube y Myspace. Animado por lo que había escuchado, y en busca de una información que no había logrado hallar en Internet, me acerqué y le dije que tenía muchas ganas de verlos en directo. Le conté que conocía a los teloneros, pero que cuando los escuché en Myspace había perdido repentinamente el interés por Idioterne. Todo lo cual era cierto.

La principal razón por la que me había aproximado para hablar con él era, sin embargo, averiguar cuándo iban a sacar su debut. Y en eso, Mike no parecía dispuesto a colaborar. Sorprendido, noté un deje de timidez y algo de superstición en su voz cuando me dijo que esperaba poder terminar el disco pronto. Aunque traté de sonsacarle alguna fecha con la misma zalamera e impaciente insistencia de quien quiere que una chica le dé pistas sobre sus intenciones, no soltó prenda. No insistí más, y le dejé ver el resto del concierto de Idioterne.

El público recibió a Dead Kids, pasadas las 22:00, con los aplausos amables aunque entusiastas de una audiencia que no estaba allí por ellos. Sólo un grupo que parecía estar compuesto de unas ocho personas, todos con pinta de británicos, aplaudían con la excitación de quien sabe lo que se avecina.

“Step forward, step forward!”, pidió Mike al público, tras agradecerle que hubiera acudido a verlos. Sin muchos más preámbulos, comenzaron a atacar al público. El ataque fue liderado por Mike, un frontman, no diré que de los que no hay ya, por si acaso me estoy perdiendo algo; pero, desde luego, de los que no se dejan ver así como así.

La gente bailaba, y respondía a las palabras de Mike vociferando estribillos que no habían oído en su vida, pero que no podían dejar de responder como si aquello no fuera un concierto de rock; sino la arenga final antes de que nos fuéramos todos por un puto acantilado, sudados y contentos. Bailábamos cada vez más apretados, cada vez más cerca de un escenario desde el que Mike nos invitaba a subir, a bailar, a aproximarnos y a darles toda la energía que nos atreviéramos a recibir de vuelta, en forma de música.

“Toda la energía que nos dais, os la devolvemos multiplicada… ¡Por cinco, por diez, por cincuenta!”, gritaba Mike, mirando fijamente al público, encontrando con su mirada encendida todas las que se clavaban en él, sin perderlo de vista por un segundo. A medida que iba transcurriendo el set, aquella promesa dejó de ser pura retórica rockera. Porque la energía que, en el culmen del concierto, les estábamos entregando no podía volver multiplicada sin abrasarnos, sin mezclarnos a todos en una masa incandescente que bailaba, se sacudía y gritaba al ritmo de la música de los Dead Kids. Si nos devolvían toda esa energía, y por la forma en que tocaban y el modo en que Mike continuaba provocando y subiendo la temperatura de la sala, parecían muy capaces de hacerlo, los Dead Kids, los chicos muertos, íbamos a ser nosotros.

Cuarenta y cinco minutos después, el grupo abandonó el escenario. Uno se preguntaba si una banda que ni siquiera ha publicado aún su primer disco podía tocar mucho más. Pero la respuesta era irrelevante: ¡había que escuchar más! La presencia en escena de Mike es tan poderosa, brillante, desnuda, directa; su capacidad para conectar con el público tan primaria y basada en la conciencia de que se es joven y de que hay que disfrutar del momento; que daba la impresión de que habría podido contentar aquel ruego unánime con sólo volver al escenario y arengarnos como había hecho en varias ocasiones a lo largo del concierto; con el solo acompañamiento del sintetizador de fondo, marcando el ritmo al que teníamos que continuar saltando, bailando, regocijándonos en el hecho de que era viernes, éramos jóvenes, nos gustaba la música y nos importaba una mierda todo lo que pudiera estar pasando fuera de aquella sala y de aquel momento.

Al cabo de un cuarto de hora, durante el cual todo el mundo comentaba a nuestro alrededor lo bien que lo habían pasado, vimos salir a Mike y al resto del grupo. Una chica que me había visto hablar con mis amigos, me preguntó (imagino que por romper el hielo, dado que la respuesta era evidente) si me había gustado el concierto. Le respondí que sí, y tras charlar un poco, me presentó a la persona que, según ella, había hecho posible todo.

Su nombre era Trevor, y recordé que en medio del concierto Mike se había referido a él como el responsable de aquello. Entonces nada me había importado más que seguir bailando, cantando y bebiendo; pero ahora, más tranquilo aunque todavía sintiendo la inercia de la música que acababa de terminar en el escenario, pero que de algún modo seguía sonando en mi cabeza y retumbando en mi entrepierna, quise charlar con Trevor.

Pensé que quizá él pudiera contestar a algunas de las preguntas con respecto a las cuales Mike se había mostrado tan reservado antes del concierto. Por ejemplo, cuándo iban a sacar su primer disco los Dead Kids. “Septiembre”, me dijo. Tras hablar del grupo y de una web cuyo nombre no logró abrirse paso a través del cerrado acento de Trevor (¿Manchester, quizá?), lo dejé en compañía de su gente, a la que se habían ido uniendo uno tras otro los miembros de Dead Kids.

Mike paseaba por la sala, con aire seguro y satisfecho. Cordial con todos los que se acercaban a él para decirle cuánto les había gustado el concierto, respondía a los halagos con una sonrisa complacida. Recorría la sala, se acercaba a una barra y regresaba junto al escenario, donde Trevor y los suyos seguían charlando y bebiendo. Me dio la impresión de que buscaba compañía para una noche de fiesta que comenzaba.

Poco antes de decidir marcharnos de Moby Dick, dos chicas contratadas para el evento se nos acercaron ofreciendo chupitos del infame licor Jagermeister. El único acicate para ingerir aquel espantoso Ruavieja alemán era que había que beber de un tubito de ensayo que una de ellas, una alta y morena belleza pin up, se ponía en la boca. Después del trago, que le dejaba a uno un regusto a hiel de técnico de crematorio, otra chica te entregaba un condón. Le pedí otro más, “por si se da bien la noche”, y ella me lanzó una mirada escéptica. No le faltó razón: los Dead Kids fueron todo el sexo que tuve aquella noche.

Comentarios
6 respuestas a “Dead Kids: energía multiplicada”
  1. Capitán Howdy dice:

    Vaya, cómo me arrepiento de haber ido a ver a AC/DC y perderme un evento mucho más pequeño, pero más excitante y fresco; creo que no me vereis más en otro mega-concierto.
    La verdad es que es excitante descubrir bandas que pueden llegar a ser “The next big thing”; y en el futuro, si llegan a ser grandes, poder presumir de haberlos visto cuando aún eran “pure & easy”.
    Respecto al licor supuestamente infame “Jägermeister”: yo no lo he probado, pero me escama que no haya triunfado ni con esa estrategia publicitaria más que efectiva!

  2. Silvano Clay dice:

    Tienes razón, la búsqueda de lo nuevo suele ser más excitante que el placer de lo conocido (aunque también depara muchas más decepciones). En todo caso no te culpo por haber ido a ver a AC/DC pues siguen siendo unos auténticos monstruos del rock and roll, aunque sea inevitable aguantar el megaconcierto y el precio abusivo de la entrada.

  3. Rockinfreakapotamus dice:

    Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla -la estación de Metro, no la ciudad.
    Perdón, es que estaba probando la escritura aquí, a ver cómo funcionaba esto.

    Este blog está quedando mucho más denso e interesante que las reseñas culturales del telediario de TVE, que no para de hablar de los hermanos Jonás. No confundir con los hermanos Anoz, que eran un dúo que cantaba jotas aragonesas. Mi padre tenía cintas de ellos.

  4. Rockinfreak Apotamus dice:

    Disculpad de nuevo. Es que en mi comentario anterior, mi nombre aparece truncado. A ver si ahora funciona…
    Para que este comentario no quede demasiado desangelado, check this, hasta luego: http://www.youtube.com/watch?v=7vQVMlKgXGw

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  1. [...] nuevas bandas de la escena británica. Ya nos había dado a conocer a nuestros idolatrados Dead Kids, y ya nos había avisado de que lo que se avecinaba la noche del 11 de septiembre era grande. Muy [...]

  2. [...] la sala Moby Dick he vivido conciertos memorables, como aquel de Dead Kids en el que nació este blog hace ya más de dos años y medio. Por eso, cuando vi que Pulled Apart [...]



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